Cuando Phelps recibió el Nobel de Economía, en el año 2006, la Academia Sueca destacó que sus análisis eran capaces de conciliar factores a menudo contradictorios. Más recientemente, el profesor de Columbia fue orador en la Cumbre de Economía Verde, realizada en Córdoba. Allí planteó algunos puntos desde el enfoque del desarrollo económico, sin descuidar el imperativo de revertir los efectos del cambio climático, ni el componente social que debe acompañar este proceso.

“Una solución no es viable sin el entendimiento de la sociedad y un profundo deseo de alcanzarla.”

Ante un problema mundial como el cambio climático, Phelps destacó que el hecho de que los expertos hayan logrado un consenso sobre los objetivos a perseguir para revertirlo no resulta suficiente. En cambio, alcanzar esas metas requerirá un respaldo más amplio por parte de todos nosotros. “A medida que vamos moldeando un programa para proteger al ambiente, la persuasión moral será esencial. Pedirle a cada individuo, no sólo a las corporaciones, que encuentren su sentido de altruismo y que voluntariamente formen su propio programa contra la contaminación.”
El deterioro del clima ha llegado a un punto en que se ha vuelto “costoso para la sociedad y peligroso para la vida humana.” Para Phelps, este daño hecho al mundo natural tiene consecuencias no sólo para el agua y el aire, sino también para las industrias que han dependido de los beneficios naturales, libres y gratuitos de, por ejemplo, el ciclo hídrico o los ecosistemas forestales submarinos. Un esfuerzo por recuperar este capital natural del mundo no es incompatible con el crecimiento comercial, sino que podría darse de manera simbiótica: “Queremos un crecimiento verde, que no deteriore el clima; y al mismo tiempo queremos una mejora del ambiente sin interrumpir el crecimiento económico. Esto resulta en una profunda necesidad de innovar, de mejorar.” Como ejemplo, presentó los avances recientes que abren la posibilidad de, no sólo detener el crecimiento del carbono en la atmósfera, sino de eliminar el que se ha acumulado gradualmente, mediante dispositivos capaces de captar CO2 que a su vez puede venderse para uso comercial. Recuperar el capital natural del mundo representa entonces no sólo un imperativo moral, sino un incentivo económico, ya que puede llevar a una reactivación de mercados, a mayor inversión y crecimiento.

Cualquier “análisis hermoso” alrededor del cambio climático, en términos de Phelps, tiene que estar de acuerdo con características del mundo que no siempre se tienen en cuenta, como el aumento de la población, la pobreza o la existencia de gobiernos débiles.

La mayor parte de la investigación del ambiente -en Biología, Tecnología, Economía- sugiere que podemos quedarnos tranquilos si ahora los expertos pueden ver la dirección que debería tomar la política económica. Esto no significa que los expertos sean naif, todo lo contrario (sobre todo comparados con la mayor parte de los debates amateurs sobre políticas públicas). Los expertos no asumen que la industria se vaya a autocontrolar y sí reconocen que hay muchísimo dinero en juego, que representa mucho poder. Hay que poder aprovechar ese motivo. La ingenuidad tiene que ver con la generalización optimista de que los valores y actitudes de las industrias no deben preocuparnos. Los legisladores, hacedores de políticas, empresas con presión social deberán hacer y pagar lo que tienen que pagar por el bien común, y los gobiernos van a tener que poner impuestos correctivos en algunas industrias.

A la vez, debemos confrontar el hecho de que no todos los gobiernos pueden defender sus mejores intereses. En países pequeños, hay empresas suficientemente grandes para darse el lujo de violar las disposiciones ambientales de sus gobiernos. O, aún cuando los empresarios no tengan ningún poder sobre el gobierno, quizás sean tantas personas las que dependan de esa empresa, que el gobierno decida no aplicar restricciones. Incluso en países grandes, con una mayoría de gente pobre determinada a volverse tan rica como la de otros países, el gobierno quizás no esté listo para aplicar restricciones al carbono. El 20% de la población mundial representa el 80% de consumo de los recursos naturales. ¿Qué sucede cuando la población restante quiere acceder a los mismos altos niveles de consumo? Las naciones que lideran la campaña para salvar el ambiente deben ser muy duras con aquellas que lo creen demasiado costoso en términos políticos o sociales y ejercer el derecho de que el ambiente no caiga en ruinas.”

Phelps cerró su presentación con una visión a largo plazo, abriendo la tarea de equilibrar el ambiente a la reflexión sobre cómo esto afectará las vidas de la gente, desde el punto de vista de los beneficios e inclusión laborales

En las últimas décadas, he enfatizado no sólo las recompensas materiales -índices salariales, participación en puestos- sino también las ganancias no materiales, la experiencia humana del trabajo.. Queremos tener economías que sigan mostrando entusiasmo, que representen pasión para los jóvenes, y para todos. A medida que las cuestiones ambientales se van resolviendo, tenemos que considerar el tema de recrear un mundo en el que la gente esté en una relación venturosa y creativa con su trabajo, en el que la buena vida se entienda como emprender un viaje a lo desconocido, actuar en el mundo, hacer que crezca nuestro jardín.

Alentando de esta forma a imaginar qué forma tomará la sobrevida de la humanidad, el Nobel de Economía se despidió con una nota de esperanza.