Por Sofía Ferrero Cárrega. Docente de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad Siglo 21.

El trabajo de un divulgador, cualquier sea la disciplina que lo ocupe, es fundamental en las sociedades posmodernas, donde lo audiovisual arrasa con cualquier otro formato. Pues bien, este filósofo con quien tuvimos el gusto de dialogar, es docente, difunde la filosofía en los medios de comunicación y se vale de la madre de todas las ciencias, como estructura, aplicándola pedagógicamente en casi todas sus variables.

En su última visita a la ciudad de Córdoba tuvimos la posibilidad de conversar sobre uno de los temas más candentes de la actualidad argentina: la educación pública y la educación privada, controversia que, en general, no terminamos de entender.

S – ¿Cómo podemos empezar a entender esta aparente incompatibilidad entre la educación pública y la privada?

No se pueden pensar las instituciones fuera del marco de las transformaciones epocales de las cuales las instituciones también son parte.

Últimamente se ha ido construyendo una falsa dicotomía que no le suma ni a la educación privada ni a la educación pública. Un falso dilema a partir del cual se piensa ambos polos desde el pensamiento binario, que es un tipo de pensamiento jerárquico. Además de ser reduccionista, este tipo de pensamiento entiende que hay solo dos opciones y que, al no lograr indagar en los matices, reduce las dos opciones a modelos simplistas.

Es decir, el pensamiento binario se estructura en términos muy jerárquicos. O sea que establece que uno de los dos polos posee algo que el otro no tiene. Entonces, este binario problemático ha generado tradicionalmente la idea de que la educación pública posee un tipo de saber que es superior al que puede brindar la educación privada. Esa superioridad, en realidad no tiene goyete.

S- Si sacamos la palabra “jerarquía” en el marco de esta discusión ¿qué elementos deberíamos tener en cuenta al momento de abordarlo?

Creo que hay que pensar la educación en relación a otra realidad que la determina. Hoy en día, dada la profusión de diferentes especialidades, hay ciertas disciplinas donde la educación pública no tiene la misma calidad que la privada, ni le interesa tenerla.

Me parece que, también como parte de las transformaciones de nuestro tiempo, el marco de posibilidades que se brinda a nivel institucional, varía. Una manera es volver a esta polaridad cerrada en sí misma (que es algo que le gusta a los medios y a las instituciones primarias) como forma de encontrar uno su propia tranquilidad. El pensamiento binario es muy tranquilizador ya que en sus jerarquizaciones siempre hace que aquel que está en uno de los dos polos crea que su polo es el pleno y el otro es el carente.

Por eso entiendo que cuando se produce un cruce entre alguien formado en la educación pública universitaria que enseña en el marco de una institución privada universitaria y se siente, en cierto sentido, problematizado, está teniendo ese dispositivo operando. El reduccionismo genera que todo lo que se presenta como educación privada, parta de una carencia.

Y lo mismo al revés. Hoy está como “más de moda”, así entre comillas, la educación privada, dada la crisis del Estado, la que vivimos a nivel macro.

Incluso fijate que en algunas de las variables que salen siempre a luz, está claro cómo opera el pensamiento binario porque potencia un aspecto sobre otro.

S- ¿Cuáles serían las variables que suelen estar activas en esa polaridad?

Por ejemplo, los que cuestionan la educación pública, le cuestionan fuertemente el grado de sindicalización de los docentes y el grado de politización de los estudiantes como algo negativo y como una variable que se vuelve más importante que el resto. En realidad, es una variable más, obviamente que esto sucede pero, medir una y otra educación en función de una sola variable, también es reduccionista.

Entonces, considero que para salir de ese pensamiento binario, hay que entender los distintos matices que tienen ambos polos. Creo que en una sociedad tan fragmentada como la nuestra, tranquilamente la educación privada puede ofrecer un montón de posibilidades de desarrollo de ciertos conocimientos que, de alguna manera, están entramadas en lo que es el propósito de cualquier institución privada, porque la educación privada es, al mismo tiempo, un proyecto educativo y, dependiendo la entidad, generalmente un proyecto empresarial. Donde, entonces, entran en juego ambos aspectos. Entonces, en la medida en que un proyecto es empresarial, está buscando su propia sustentabilidad y está muy alineado con las necesidades de formación de la época.

Esto por un lado, por otro lado me parece que hay una falacia que tiene que ver con colocar a las dos posibilidades educativas como si uno pudiera elegir entre ambas, como si eligiese Coca o Pepsi y, me parece, no son entidades ontológicamente similares.

Creo que la educación privada, pensada desde la lógica de un sistema de mercado como el nuestro, es una de las tantas maneras que ofrece la sociedad capitalista a sus consumidores de relacionarse, en este caso, con un aspecto primario de la educación.

La educación pública no es una opción similar a la educación privada sino que es la obligación ético-política de un Estado de brindarle las mismas posibilidades a todo aquel que no puede ser parte de las propuestas privadas existentes. Lo que estamos discutiendo, en el fondo, es el rol del Estado, entonces la educación pública yo la pienso más desde el aspecto compensatorio y no como opciones selectivas. Si no, pensar entonces a lo público con la pasionalidad de lo privado. Cuando el presidente de la Argentina dice “pobre aquellos que han tenido que caer en la educación pública” está pensando a ambas propuestas en igualdad de condiciones ontológicas, o sea, como si fuesen dos propuestas y que está en cada persona decidir cuál consumir. En todo caso, hay una, la privada, que por ser privada tiene mayores capacidades de ofrecimientos para aquel que la pueda pagar. Entonces se coloca en la educación pública la otra alternativa como aquel lugar al que van los “pobres”, los que no pueden ir a la otra. Un lugar en el cual toda la carencia propia del poder también está presente. Lo que en algún punto el presidente está diciendo es que los que caen en la educación pública caen en ese lugar de la pobreza que, en todo caso, merecen los pobres. A los pobres les damos mientras son pobres. Cuando, en realidad, en términos ético-políticos, debería ser al revés.

S – La función de un Estado que se supone representa a la totalidad de los ciudadanos, ¿no es compensar esas desigualdades?

Exactamente. Esto significa entonces que aquel que se forma en la educación pública, mínimamente tenga las mismas posibilidades de formación que en la educación privada. Como esto ha sido así durante muchas décadas, entonces, qué ha sucedido: en otros tiempos, la educación pública, de alguna manera, se colocaba en un lugar de cierta superioridad en términos cualitativos en relación a la privada porque era mayor el esfuerzo que se realizaba para lograr esa compensación. Entonces ¿por qué teníamos una educación pública de calidad? Porque, en el fondo, en un Estado de bienestar lo que se piensa es que en términos compensatorios, obviamente, esa asimetría hay que cubrirla con una educación pública, que brinde lo mismo o más, que brinda la educación privada. Esto es lo que entra en crisis en el marco de la crisis del rol del estado en general. No se puede evaluar el mundo educativo como algo separado del resto de las instituciones públicas. La mercantilización de la existencia arrasa con todo, sobre todo con la estela pública. Por eso la diferencia.

S – Profundizando sobre las variables de la educación pública, que está más alejada de la lógica de consumo, ¿Qué otras podrías mencionar?

Hay obviamente ciertos valores que a mí me parece que, en términos de educación universitaria, marcan la diferencia pero que también dependen de lo que la educación privada pueda ofrecer al respecto. Está claro que en la educación pública un joven se forma a sí mismo. Un poco por ciertas falencias administrativas o por la masividad de la educación pública. Al estudiar en la universidad pública sabes que te construís a vos mismo. Que eso forma parte de la formación, de la educación. Y en la educación privada, más propio del mundo privado, está todo como más servido. Entonces uno siente esa diferencia. Pero también es irreal y reduccionista porque hay un montón de universidades privadas que trabajan ese foco. Por ahí es más un prejuicio de otros tiempo, pero también es cierto que la educación privada, en lo que ofrece en función de ser también una empresa, incluye este tipo de facilidades que son muy importante para un consumidor educativo. Con lo cual no es poca diferencia cuando uno decide ir a un sistema o a otro. Saber que, además de lo que uno va a estudiar, está la dimensión de formarte a vos mismo como estudiante con todo lo que eso implica en términos de maduración.

Otro factor de la universidad pública es la diversidad. La diversidad social que posibilita lo que siempre fue uno de los valores positivos de la educación pública que fue la mezcla de todo tipo: cultural, de clase, de género. Podríamos decir que, en general, la educación privada es más homogénea, por lo menos, hay una homogeneidad clara en el tipo de consumo cultural. El que va a la educación privada también, en algún punto te diría ideológicamente, comparte cierto tipo de consumo. Desde ese punto de vista podríamos decir que en la pública hay también una homogeneidad. Sin embargo, en los últimos años han cambiado mucho las cosas.

S – Podemos mencionar la diversidad de cátedras de la universidad pública como manera de contrarrestar esta homogeneidad ideológica aparente.

Sí, por supuesto. Seguimos hablando aquí en términos generales. En este sentido también suele haber cierta diversidad entre los profesores porque en la educación pública hay, por lo menos desde los fundamentos de la ley universitaria, una obligación ciudadana de garantizar la diversidad de cátedra, entonces garantizar que hayan diferentes perspectivas también es un valor. Obviamente si asistís a una universidad religiosa, no busques pluralidad porque vas a ir a estudiar lo que estás eligiendo. Esta uniformidad también se encuentra en las universidades privadas seculares, laicas. Hay otras universidades privadas que están alineadas con ciertas corrientes o movimientos ideológicos a partir de que sus funcionarios y las cabezas académicas promueven ciertas idea. Uno va a estudiar en Buenos Aires a la universidad Di Tella y sabe que hay un tipo de pensamiento económico y político presente que es lo que nos lleva a estudiar ahí.

S – ¿Esta pluralidad de opciones académicas corresponde a nuestro momento histórico presente o podemos retrotraernos a los inicios de las instituciones educativas?

De hecho la vieja idea de la Escuela del mundo griego es eso. Uno iba a estudiar a la Academia y sabía que era Platonismo y, si querías estudiar Aristóteles, no ibas a la Academia sino que ibas en frente que estaba el Liceo de Aristóteles. Esto, que de algún modo puede ser visto como algo negativo, también puede ser visto también como algo positivo. Por eso el desafío es salirse de la forma en la que se piensan ambos polos y, en definitiva, salirse de los polos.