Para la vicerrectora de la Universidad Siglo 21, Mgter. Laura Rosso, los estudiantes que habitan el mundo de hoy necesitan aprender en un contexto gratificante donde exista una conexión con sus emociones; uno de los desafíos más grandes del sistema educativo actual.

“El docente que hoy da clases catedráticas es el docente que menos aprendizaje y motivación genera”, dice la vicerrectora académica de la Universidad Siglo 21, Laura Rosso. La Magíster en Educación plantea que el sistema educativo asumió desde sus inicios el modelo industrial de la fábrica donde la educación es por lotes. “Si tenés 6 años se supone que tenés que aprender a leer y escribir, si tenés 8 a multiplicar. Pareciera que la edad determina las posibilidades del aprendizaje y por supuesto que el desarrollo madurativo es importante pero no lo es todo”.

Para la vicerrectora, es importante desafiar los modelos académicos, porque la experiencia de los alumnos siempre puede ser mejor, más gratificante y generar más aprendizajes, desarrollos y habilidades. Éste paradigma es uno de los impulsores de Innova- Educa 21, el primer congreso que emerge de Siglo 21 para debatir el rol de la innovación en la formación académica de la sociedad.

“Innova- Educa nace para diseñar metodologías o terminologías que se estén aplicando en otros espacios del mundo, en otros contextos, diseñar pilotos, hacer pruebas, evaluar resultados, medir escalas de innovación”, explica Rosso. De acuerdo a esta perspectiva, lo más importante de las innovaciones en educación es que transformen la manera de aprender de los alumnos y que además sean prácticas que se puedan repetir y sean “escalables”. “Muchas veces vemos casos de innovación en una escuela y una cátedra, donde un docente aplica una metodología nueva y tiene un excelente rendimiento. Pero si ese método se quiere trasladar a miles y no escala o es muy difícil de repetir, ese tipo de innovación no nos suma porque es para unos pocos”, explica Rosso.

En un mundo diverso, la educación no puede ser igual para todos 

El aprendizaje no es algo estático y trasladable de la misma manera a todas las personas. Partimos de infancias y escuelas diferentes, tenemos incógnitas distintas y deseos que no tienen por qué parecerse. Por este motivo, aprender no necesariamente implica el mismo proceso para todos. Sobre este punto hace hincapié Laura Rosso, al señalar que:

El aprendizaje en una persona tiene avances, vueltas, retrocesos, y personalizar la educación significa entender cuál es el proceso particular del alumno, qué hay que ofrecerle y desde qué perspectiva hacerlo, permitiendo que sea él mismo quien desarrolle su propia búsqueda.

“El aula tradicional se vuelve lento, aburre, no motiva, no despierta la curiosidad y para aprender no hay otra forma que conectar con la emoción”, plantea la vicerrectora.

Según detalla, actualmente todos los indicadores académicos dejan disconformes a los claustros y ese resultado negativo tiene que llevar a cada institución a preguntarse sobre lo que se está haciendo. “Hay que salir del lugar en donde es el alumno quien tiene el problema y por eso no aprende, y preguntarse qué estoy haciendo yo y cuál es mi responsabilidad como educador. Queremos formar profesionales responsables que miren el mundo con ansias de hacerlo mejor y eso requiere de un cambio de paradigma que es el aprendizaje”, cuestiona.

“Hoy los docentes tienen que convertirse en facilitadores”

En un escenario de protagonismo casi absoluto de la tecnología en nuestras vidas y de un mundo en permanente cambio, el trabajo de los docentes no puede permanecer inmóvil en el tiempo. “El docente ha tenido que resignificar su rol y asumir que el saber construido con otros es mucho más importante que el individual”, dice la vicerrectora. Y en este sentido, explica, facilitar no es hacer las cosas más fáciles sino mostrar todos los caminos posibles, los distintos saberes y perspectivas, motivar, promover el debate y generar curiosidad e interés a ir por más.

“Hoy el docente está desafiado a usar la tecnología, porque pedir que todos apaguen su celular antes de entrar al aula no existe más, la tecnología es parte de la vida y por lo tanto de los procesos de enseñanza. Pero además, está desafiado a desarrollar didácticas en el aula que se orienten a la experiencia, a generar retos o simular situaciones para resolver de acuerdo a los saberes”, indica Rosso. Por este motivo, promover el análisis crítico, el error, los retos, la fundamentación de las decisiones, analizar casos y trabajar en proyectos que impliquen hacer algo con la información se torna clave para estimular el verdadero aprendizaje.

 

Formar en competencias: ¿Para qué nos sirve lo que aprendemos?

Uno de los cambios más importantes que surgen de entender que la enseñanza no es un proceso lineal donde un docente deposita la información en un grupo de alumnos, es lograr un proceso de aprendizaje que haga hincapié en el por qué y para qué aprendemos lo que aprendemos.

El modelo de aprendizaje basado en competencias es uno de los pilares de Siglo 21, y sobre este punto Laura Rosso explica que ya no basta con el saber por si solo: es importante saber qué hago frente a una problemática, saber ser, saber convivir, tener habilidades propias para analizar información crítica, poder decidir, poder hacer con otros, liderar procesos, ser agentes de cambio, tener ética, respetar valores y que el otro también importe; competencias que no necesariamente están ligadas a un contenido disciplinar particular.

“Para cualquier persona de cualquier área de nuestra universidad no es lo mismo que un alumno no se sienta bien, que esté disconforme, que no le importa lo que le pasa a su compañero, y la mejor forma que tenemos para educar en eso es dando el ejemplo”, explica Rosso. Y agrega:

“Los alumnos nos importan, nos importa mirarlos, acompañarlos, estar con ellos, decirles que pueden. No es tan común en todos los lugares que hoy alguien te llame o te toque el hombro y te pregunte: ¿Qué puedo hacer para que lo logres? Ahí está el verdadero cambio”.