* Por Ing. Carlos Savi – Tutor de la Licenciatura en Logística Global, de Universidad Siglo 21.

Ni siquiera después de la Segunda Guerra Mundial se produjo el impacto económico vertiginoso que está paralizando las cadenas de suministro mundiales. Las ciudades más bulliciosas del mundo desarrollado están sufriendo un penoso silencio a medida que las empresas y comercios cierran y los consumidores respetan las órdenes de aislamiento. Y las restantes ciudades y pueblos también.

Estamos todos conmovidos. Todos en el sentido más amplio de la palabra.

En el mundo global 2020 “todos” incluye a cada uno de los más de 200 países y de sus 7.700 millones de habitantes. Incluye los más de 25 billones de dólares anuales de comercio transfronterizo global, incluye más de 1500 millones de movilidad esperada de personas.
Para quienes creíamos que la globalización traía más beneficios que perjuicios al incrementar flujos de todo tipo: de datos, de tecnología, de conocimiento, de bienes y servicios, sumado a la hipervinculación de las empresas, las finanzas y las personas, encuentra en esta oportunidad un impulso inesperado: el flujo de enfermedades, con daños y perjuicios nunca imaginados, en este caso del coronavirus con origen en Wuhan, China.

Esto fortalece la posición o mirada de quienes están en contra de la globalización y tienen sus fundamentos.

Vaya si los tienen: hay infectados en todo el planeta, hay cantidad de muertes impensadas en países supuestamente estructurados para defenderse de este tipo de pandemia; todos los países la están sufriendo, no se conoce el final. Todas las planificaciones se han derrumbado, todas las estadísticas y proyecciones económicas pasan al nivel más bajo de la consideración mundial. Se ha detenido la economía del mundo.

Estamos en los inicios de un proceso global doloroso sin conocer las consecuencias.

Hay un variado cóctel de opiniones, justificaciones, reproches, adjudicación de responsabilidades, proyección de consecuencias, todas sin fundamentos para el habitante “de a pié”. Con la salvedad que hoy todos los habitantes del mundo somos “de a pié”.
Lo real y concreto, es que hoy países supuestamente desarrollados como China, Estados Unidos, Italia, España y en ellos regiones poderosas como Cataluña, Lombardía, Veneto y provincias y ciudades emblemáticas por sus infraestructuras económicas como Hubei, Nueva York, Madrid, Washington tienen a sus habitantes en un mismo nivel de indefensión al igual que el resto de los habitantes.
No es ya una novedad que ya hay un mundo diferente. Desde el punto de vista económico todo cambiará.

Estamos ya en un proceso donde se rompen estructuras supuestamente sólidas. En nuestra región se sostenía un Mercosur débil pero con puntos comunes de interés y entendimiento. Hoy todo se ha roto. Ante esta tragedia cada país adopta políticas totalmente diferentes. No se ha reunido el Parlamento de la UE para tratar estos temas. La OMS hace esfuerzos para homogeneizar las medidas pero pocos países la escuchan.

Las cifras serán elocuentes testimonios de los cambios inevitables.

En el comercio internacional es impredecible quiénes serán los ganadores – si existieran- y los perdedores. Todo es incertidumbre, a pesar de que hay afirmaciones que ya pueden hacerse:
España registró en 2019 un ingreso por exportación de turismo extranjero de 80.000 millones de dólares. Eso no se repetirá en el futuro mediato. Argentina exportó 65.000 millones de dólares en el mismo año. Tampoco podrá sostenerlo. Solo para dar dos ejemplos.

Las modificaciones estructurales de las economías de todos los países serán inevitables. Y por lo tanto de sus empresas.

Nada mejor que repensar la opinión de la Organización Mundial de Comercio en boca de su economista jefe Robert Koopman: “Esto podría ser considerado un escenario de guerra sin la destrucción de activos físicos”.

Todo esto ha lleva a que el Comercio Internacional deberá reinventarse.

Las prioridades han cambiado, los procesos logísticos se han debilitado, los costos son inestimables, las cadenas de pago se están rompiendo.

Como siempre mencionamos: en toda crisis o tragedia hay una oportunidad comercial. Hoy cuesta imaginarla. Las empresas están hoy con planes de contingencia para tratar de sostenerse en esta durísima situación y poca dedicación para ir imaginando el futuro. No será fácil.

Para nosotros, dado que la Argentina tiene casi nula presencia en los foros de decisión de la globalización económica, su dependencia hace que en el comercio internacional sufrirá sin dudas un fuerte impacto de esta crisis, justamente cuando el ingreso de divisas por exportaciones era mandatorio para aliviar su economía.

 

Sumado a esto los consumidores no son los únicos que están acaparando productos básicos de comestibles. Algunos gobiernos están tomando iniciativas para asegurar el suministro interno de alimentos durante y post la pandemia.

Kazajstán, uno de los mayores exportadores de harina de trigo del mundo, prohibió las exportaciones de ese producto.

Vietnam suspendió nuevos contratos de exportación de arroz.

Serbia ha detenido el flujo de su aceite de girasol.

China, el mayor productor decidió no vender nada de su producción.

Y así cada uno buscará sus medios de defensa. Cada país, cada empresa, buscará nuevas estrategias.
Por eso hablamos de reinventar el comercio internacional. Es el momento de aplicar todos los conocimientos académicos y profesionales que permitan que las empresas exportadoras e importadoras ya empiecen a trabajar en su portafolio de negocios durante y post COVID-19.
Desde las más grandes empresas como Toyota, Ford y General Motors desafiadas a diseñar y producir a contra-reloj respiradores para venta global. Y lo van a hacer, aunque no sea su know-how. Del mismo modo las PyMEs deben hacer una reingeniería de sus procesos para abastecer a sus alicaídos mercados domésticos y reinventar mercados externos para sus insumos y productos.

En esa reconfiguración del comercio internacional aquellos que lo hagan más rápido y mejor darán respuesta al concepto de que “en toda crisis hay oportunidades”.

Muchos de quienes no lo hagan están condenados a desaparecer. Expertos en aduanas, en contratos, en medios de pago, en logística global, en medios de promoción, en marketing internacional, en acuerdos inter-empresarios, en utilizar herramientas digitales a estos fines con programas y aplicaciones que hoy no existen; pero expertos capaces de poner en duda todo lo hecho hasta ahora y ser pioneros en el desarrollo de un nuevo comercio internacional 2021. Argentina tiene la oportunidad de sacar provecho de esto.