*Por Lic. Claudia Guevara, Directora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y Ciencias
Políticas de la Universidad Siglo 21.

Desde el mercantilismo, el debate entre el Librecambio vs. Proteccionismo ha ocupado una posición central. Argentina no está exenta de esta disyuntiva. La historia económica mundial demuestra que los países que han adoptado una de las dos opciones, o una combinación de ambas en diferentes períodos, tuvieron resultados disímiles en su comportamiento comercial, y en consecuencia en el desarrollo de sus sectores productivos.

De un lado se encuentran quienes dicen que liberar las barreras comerciales mejorará la calidad de vida de los países; del otro lado, quienes afirman que las políticas proteccionistas son fundamentales para avanzar hacia el desarrollo económico.

La historia muestra una paradoja. Los países desarrollados que hoy defienden el libre cambio lograron su desarrollo a partir de políticas que hoy serían acusadas de proteccionistas por ellos mismos.

Ya en el siglo XIX el economista alemán Friedrich List denominó este comportamiento “patear la escalera”. Esta expresión refiere a que los países desarrollados utilizaron un conjunto de instrumentos proteccionistas para alcanzar su desarrollo y una vez logrado, prohibieron a los demás países su utilización.

En la actualidad, este debate tiene especial vigencia para la región y particularmente en nuestro país. Por un lado, se están llevando adelante negociaciones sobre acuerdos regionales bajo una lógica absolutamente librecambista. Por otro lado, desde la crisis financiera internacional de 2008, el mundo ha tomado una postura más proteccionista.

Pero el doble estándar no solo es cosa del pasado. Actualmente se puede observar que los países desarrollados continúan recurriendo a determinadas políticas proteccionistas. Como casos emblemáticos, podemos mencionar la persistencia de subsidios agrícolas y la gran cantidad de medidas antidumping adoptadas.

A pesar de la entrega de los gobiernos sudamericanos, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea aún se está definiendo porque los países europeos, en particular Francia, no ceden en la protección a su sector agrícola. La capacidad de negociación del Mercosur es tan baja que ni siquiera negocia por liberar aranceles, sino que negocia porque se le habiliten cupos de exportación al viejo continente en materia agropecuaria.

A diferencia de otros momentos históricos donde los países centrales buscaban imponer acuerdos de libre comercio a la periferia, en este caso es al revés a pesar de la incertidumbre que genera el acuerdo para el Mercosur.

En palabras del académico Gilpin: “el libre comercio incrementa la competencia en los mercados domésticos, y, en consecuencia, limita las prácticas monopólicas, disminuye los precios, aumenta las opciones de compra de los consumidores y la eficiencia de los mercados”. Desde la óptica de los países desarrollados estos argumentos toman más fuerza, dado que sus empresas están mejor posicionadas en el mercado mundial y los niveles de ingreso son, asimismo, mayores.

Por otro lado, la excesiva protección también puede generar más costos que beneficios, dado que puede establecer prácticas monopólicas en los sectores protegidos que generan rentas extraordinarias, transfiriendo recursos desde los consumidores y los sectores no protegidos, hacia los sectores que gozan de la protección.

Para algunos países es más sencillo ser totalmente abiertos porque tienen pocos sectores sensibles que proteger.

Por ejemplo, Chile basa su economía en el cobre, la pesca, vinos, frutas y algunos otros pocos sectores más; en cambio otros, como Argentina, tiene agricultura, textil, metalmecánica, que son sectores híper sensibles para muchos y que dan mucho trabajo. Por lo cual, el modelo apertura/protección no es automático, sino que depende fundamentalmente de la estructura económica productiva, de su proyección exportadora y como fuente de trabajo.

A la luz de la historia y del presente político, económico y social en nuestro país cabe preguntarse: ¿cuál es el sentido de abogar por el libre comercio en un mundo cada vez más proteccionista? ¿Cómo hacer frente a esta realidad para no quedar aislados del mundo?