Luego de más de quince años trabajando de manera independiente, Pablo Abbate (37) decidió dar el gran salto. Junto a su mujer, Vanesa Teruel (33), crearon Kenility en 2018. Se trata de una compañía que brinda servicios de desarrollo de software, ampliación de equipos (staff augmentation) y consultoría en temas de tecnología a otras startups. Ella está pronta a recibirse de abogada y él es ingeniero en sistemas egresado de la Universidad Tecnológica Nacional. Conocer desde adentro a la industria fue el motivo principal para animarse.

“Si alguien no sabe de software, le será difícil abrir su propia empresa. Hace mucho que estoy en este rubro, conozco la perspectiva del cliente y de los programadores”, explica Abbate.

Pablo pasó de ser su propio jefe al Director General de la startup familiar. Actualmente está al frente de aproximadamente veinte colaboradores, entre profesionales como programador, diseñador, marketing, community manager, contador. “Queríamos armar un equipo y conseguir lindos proyectos para trabajar” y asegura que en Córdoba hay recursos humanos calificados para cubrir las plazas.
La mayoría de los clientes de Kenility son extranjeros, principalmente de Estados Unidos. Si bien este panorama les brinda mayor seguridad económica, para los flamantes empresarios la principal ventaja de ser parte del mercado norteamericano es que comparten la cultura de trabajo. “La orientación a resultados es muy fuerte en nuestra práctica. No estamos controlando el horario sino los logros. En el mercado local pareciera que se prioriza más que alguien llegue puntual a las nueve, que si es efectivo en su puesto”, sostiene Abbate.

“Es como un niño al que cuidar para que crezca fuerte, se nutra, que se desarrolle integralmente y no apurando plazos. No hemos tenido otras experiencia sobre esto, así que vamos aprendiendo y obteniendo herramientas
para aplicar”, dice Pablo sobre la empresa. Acaban de inaugurar una oficina propia en la ciudad de Córdoba y la proyección que hacen es que el próximo año la facturación mostrará un notable crecimiento. “En Argentina las startups deberían ser el pulmón que mueva la economía, ya que las pequeñas empresas son las que mejor y más rápido se adaptan al contexto. Hay que moverse ágilmente para adaptarse a un mundo globalizado, donde la competencia no es el vecino de al lado sino alguien que está en otro país”.

Con la startup en marcha no se quedó quieto. Vanesa fue la principal impulsora para que Pablo continuara perfeccionándose y le propuso estudiar la Maestría en Administración de Empresas de la Universidad Siglo 21.

“La maestría tiene mucho que ver, no solo con la teoría, sino con acercarte a las experiencias de otras personas. Buscaba expandir la cabeza, conocer sobre perspectivas de negocios, salirme del foco de la parte técnica, conocer a gente de otros rubros”, explica.

Trabajar y formarse no es una proeza imposible, aun siendo una familia numerosa: tiene dos hijos y uno en camino, quien llegará en diciembre. “Es super difícil, pero tendrá su impacto sobre todo el emprendimiento”. Mientras su marido cursa el segundo año del posgrado, Vanesa está terminando Abogacía, también en la Universidad Siglo 21.