Según la ONU, la población mundial mayor de 65 años está creciendo a un ritmo más rápido que el resto de los segmentos poblacionales, y en 2050 una de cada seis personas tendrá más de 65 años. En esta transformación, surge el desafío para la sociedad, las instituciones y universidades de pensar en una adultez con mayor calidad de vida y derechos.

La población mundial está envejeciendo, y los seres humanos pasamos más tiempo en el planeta Tierra que el que pasábamos antes. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hay una extensión del ciclo de la vida relacionada a factores biológicos, sociales, culturales, políticos, económicos y hasta antropológicos.

De acuerdo a este organismo, a nivel global la población mayor de 65 años está creciendo a un ritmo más rápido que el resto de los segmentos poblacionales, y en 2050 una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años (16%), más que la proporción actual de una de cada 11 personas en 2019 (9%). Por su parte, en 2018 las personas de 65 años o más superaron por primera vez en la historia el número de niños menores de cinco años en todo el mundo, y se estima que en los próximos años el número de personas de más de 80 años o más se triplicará, pasando de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050.

“El envejecimiento de la población está a punto de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad, entre ellos, el mercado laboral y financiero y la demanda de bienes y servicios (viviendas, transportes, protección social), así como para la estructura familiar y los lazos intergeneracionales”, señala el organismo, y plantea que a las personas mayores se las percibe cada vez más como elementos que contribuyen al desarrollo. “Se considera que sus habilidades para mejorarse a sí mismas y a la sociedad se deberían integrar en las políticas y en los programas a todos los niveles.

En las próximas décadas, muchos países estarán sometidos a presiones fiscales y políticas debido a las necesidades de asistencia sanitaria, pensiones y protecciones sociales de este grupo de población en aumento”, destaca la ONU.

Hay tres factores demográficos que permiten a los países medir “la edad” de una población, y explicar su envejecimiento: la fertilidad, la mortalidad y la migración.

Desde 1950 a esta parte, todas las regiones del mundo comenzaron a experimentar un aumento considerable de la esperanza de vida, lo cual explica la proporción cada vez mayor en la mejora generalizada de la longevidad.

Según la ONU, la reducción de la fertilidad y el incremento de la longevidad son factores clave del envejecimiento mundial de la población; pero no hay que olvidar que la migración internacional también ha contribuido al cambio de las estructuras de edad en varios países y regiones. De acuerdo a este organismo, en los países con grandes flujos migratorios, la migración internacional puede retrasar el proceso de envejecimiento, ya que los migrantes suelen ser jóvenes en edad de trabajar. Aunque si se quedan en el país terminarán formando parte de la población de mayor edad.

Los desafíos para afrontar este cambio demográfico

En la actualidad, todos los países, incluso los más desarrollados, enfrentan desafíos para garantizar que sus sistemas sanitarios y sociales en general estén preparados para afrontar sociedades más longevas, donde la persona mayor comienza a adquirir, de a poco, una concepción distinta.

Los datos relevados por la ONU abren un nuevo arco de interrogantes: ¿cómo pensar en nuevas formas de adultez dignas, con derechos y calidad de vida para un envejecimiento activo y saludable?

Que una sociedad tenga mayor esperanza de vida ofrece oportunidades no sólo para las personas mayores y sus familias, sino para toda la sociedad en su conjunto. “En esos años de vida adicionales se pueden emprender nuevas actividades como continuar los estudios, iniciar una nueva profesión, retomar antiguas aficiones o bien contribuir de muchos modos con las propias familias y comunidades”, indica el organismo. Sin embargo, el alcance de esas oportunidades depende en gran medida de factores clave como la salud y las posibilidades que las sociedades brindan a los adultos mayores.

Los datos arriba mencionados no exceden a Argentina. Según los censos realizados en 1991 y 2010 en este país, mientras la población de niños de 0 a 4 años se mantuvo en el mismo nivel durante veinte años, la proporción de adultos mayores de 65 años o más creció un 42%, lo que ratifica que hoy haya más mayores que antes.

“Si las personas mayores pueden vivir esos años adicionales de vida en buena salud y en un entorno propicio, podrán hacer lo que más valoran de forma muy similar a una persona joven. En cambio, si esos años adicionales están dominados por el declive de la capacidad física y mental, las implicaciones para las personas mayores y para la sociedad son más negativas”, plantea la ONU ante este fenómeno.

El rol de la gerontología en la vida de los adultos mayores

Por definición, la gerontología es la ciencia que se dedica a estudiar los diversos aspectos de la vejez y el envejecimiento de la población, tales como los biológicos, psicológicos, sociales, económicos y culturales. Además, comprende sus necesidades físicas, mentales y sociales y cómo estas son abordadas por las instituciones públicas y privadas de la sociedad.

Como una rama de la salud, la gerontología se estudia en las universidades del país para hacer foco en este sector de la población a veces olvidado, pero cada vez con mayor incidencia demográfica.

En este contexto, pensar en profesionales que atiendan a los adultos desde una perspectiva integral y de derechos se convierte en un desafío para las universidades y los futuros gerontólogos, que en el tratamiento de los mayores deben considerar las dimensiones biológica, psicológica, social, espiritual, cultural, económica, ecológica, recreativa, ocupacional, educativa, sexual, legal y sanitaria.

Frente al aumento de personas mayores en el mundo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea distintos ámbitos de actuación prioritarios, donde las instituciones y los gobiernos deben hacer foco para garantizar mejores condiciones de vida de los adultos: compromiso con un envejecimiento saludable, alineamiento de los sistemas de salud con las necesidades de las personas mayores, establecimiento de sistemas para ofrecer atención crónica, creación de entornos adaptados a las personas mayores, y mejora de las mediciones, el seguimiento y la comprensión de los adultos.

En este panorama de cambios poblacionales, Universidad Siglo 21 comienza a plantearse desafíos para la comunidad universitaria, que contemplen futuros profesionales de la Gerontología abocados a las necesidades que el mundo y la evolución necesitan.