Por Mgter. María Carolina Ulla. Directora de la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables de la Universidad Siglo 21.

El cambio climático es la mayor amenaza ambiental a la que se enfrenta nuestro planeta. Desde 1850, aproximadamente, la utilización de combustibles de origen fósil (carbón, petróleo y gas) en todo el mundo ha aumentado hasta convertirse en el suministro de energía predominante, situación que ha dado lugar a un rápido aumento de las emisiones del dióxido de carbono (CO2) y provocando las concentraciones de estos gases en la atmósfera, causantes del calentamiento global.

Según los datos de los últimos informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) confirman que el consumo de combustibles de origen fósil representan la mayor parte de las emisiones mundiales de Gases Efecto Invernadero (GEI) de origen antropogénico. Hoy se percibe cada vez más la evidencia del impacto del calentamiento en las altas temperaturas sobre la producción de alimentos, y la elevación del nivel del mar, que puede terminar inundando zonas que en la actualidad están habitadas.

Para mantener el incremento de la temperatura media a largo plazo entre los 2 y 2,4º C, el IPCC plantea que será necesario reducir en al menos un 50% las emisiones de carbono globales entre el año 2000 y 2050.  En este escenario global, la Cumbre de París (COP21) ha dirigido sus miradas a las energías renovables como pieza clave en el nuevo panorama mundial de sostenibilidad energética. La Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) estima que para cumplir con el Acuerdo de París hará falta duplicar la instalación de energías de origen renovable en los próximos 15 años, lo que supondrá una inversión anual hasta 2020 de unos 500.000 millones de dólares anuales, alcanzando en 2030 la suma de 900.000 millones anuales. Además, estima que se debe aumentar la eficiencia energética e incrementar el consumo total de energía renovable del 18% en 2010 al 36% en 2030.

El planeta necesita un cambio en la forma de producir y usar la energía.

Es imprescindible producir más con menos, aumentar la eficiencia energética de todos los procesos y sustituir el consumo de energías fósiles por renovables, sin dejar por ello de cubrir la demanda mundial de servicios energéticos. Estos nuevos desafíos nos llevan a una transformación acelerada del sector energético, donde gobiernos y empresas privadas comienzan a trabajar para lograr un modelo energético sostenible centrando sus esfuerzos en incrementar el porcentaje de fuentes renovables en la generación de energía, preparándose para un futuro bajo en carbono.

Las energías renovables, además de su gran potencial para mitigar el cambio climático, pueden aportar otros beneficios. Si se utilizan de forma adecuada, pueden contribuir al desarrollo social y económico (generación de empleo), favorecer el acceso a la energía en lugares vulnerables o abnegados, la seguridad del suministro de energía y reducir sus efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud.

Desde la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables, creemos que las renovables se erigen como una pieza clave dentro del paradigma de la sostenibilidad energética, como parte de la solución para evitar el aumento de emisiones, y como fuente de desarrollo económico y de nuevos empleos.

La transición hacia un modelo energético de bajo desarrollo en carbono y resiliente al cambio climático requiere de profesionales formados que desarrollen este nuevo escenario sostenible y que manejen y gestionen las energías renovables.