Los alimentos contaminados son uno de los riesgos más grandes en la salud mundial, que afectan especialmente a lactantes, niños, adultos mayores y personas con enfermedades. Una alimentación sana junto a políticas de salubridad reales es imprescindible para llevar adelante vidas más saludables.

Las enfermedades transmitidas por alimentos son uno de los problemas más importantes a nivel mundial. Generalmente son provocadas por el consumo de agua o alimentos contaminados con microorganismos o parásitos, o bien por sustancias tóxicas que estos mismos producen. Prevenir este tipo de enfermedades es una tarea de los Estados, de las políticas gubernamentales relacionadas a la salud y también de la información y prevención que cada persona realiza en su propia casa. En este último aspecto, el desafío de los nutricionistas es un factor importante en la orientación sobre una alimentación saludable.

Según la Anmat (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), “la preparación y manipulación de los alimentos son factores claves en el desarrollo de las ETA (enfermedades transmitidas por los amientos) por lo que la actitud de los consumidores resulta muy importante para prevenirlas”. De acuerdo a este organismo, el 40% de los brotes de este tipo de enfermedades reportadas en Argentina ocurren dentro del propio hogar.

Sobre este tema, hay pautas importantes a tener en cuenta por parte de la población, para conocer de qué se tratan estas patologías. Las enfermedades transmitidas por alimentos pueden ser infecciones, que se producen por la ingestión de alimentos con microorganismos vivos perjudiciales para la salud (virus, bacterias y parásitos); o intoxicaciones, producidas por la ingestión de toxinas o venenos que se encuentran en los alimentos y que fueron producidas por hongos o bacterias, aunque estas ya no se encuentren en la comida.

Según la Anmat, los síntomas de las ETA pueden durar días e incluyen vómitos, dolores abdominales, diarrea y fiebre.

También pueden incluir síntomas neurológicos, hinchazón de ojos, dificultades renales y visión doble. Al igual que en otras enfermedades, los grupos vulnerables compuestos por niños, personas mayores y mujeres embarazadas son los más expuestos a este tipo de contagios. Para ellos, las precauciones deben extremarse, indica el organismo.

Para la Organización Mundial de la Salud, el aumento exponencial de las cadenas alimentarias y el ritmo de vida imparable de las personas que las lleva a comer muchas veces afuera de la casa también es un factor negativo. “Las interconexiones de las cadenas alimentarias mundiales han impulsado el aumento en número, frecuencia y lugar de estas patologías”, dice la OMS. Y agrega: “La urbanización acelerada también ha incrementado los riesgos, ya que las personas consumen más comidas preparadas fuera de casa, que pueden no ser manipuladas o preparadas adecuadamente”.

Saber qué estamos comiendo

Para evitar las enfermedades transmitidas por los alimentos hay que tener una plena conciencia de qué es lo que se come e información sobre cómo los microorganismos nocivos llegan a nuestra comida. Para esto, la información nutricional de la mano de los profesionales de la salud conlleva una responsabilidad importante.

Sin información, no hay cómo prevenir los riesgos para la salud.

Los alimentos se contaminan de múltiples maneras y en cualquier momento, desde que son producidos en el campo hasta que son servidos. Cuando los microorganismos sobreviven y se multiplican es cuando pueden causar enfermedades a los consumidores. Una vez que el alimento está contaminado es muy difícil detectarlo, ya que generalmente no se altera el sabor, el color o el aspecto de la comida.

Entre algunas de las recomendaciones de la Anmat, se destaca mantener la higiene de las manos y de todos los espacios de la casa, fundamentalmente de la cocina. También, proteger a los alimentos de insectos, mascotas y otros animales; separar los alimentos crudos de los cocidos; usar distintos utensilios para los alimentos crudos; conservarlos en recipientes separados; cocinar completamente, especialmente las carnes, pollos, huevos y pescados; mantener los alimentos a temperaturas adecuadas; no guardar por mucho tiempo comidas preparadas; utilizar agua de red; no consumir alimentos vencidos, entre otras.

El rol de la Nutrición

Según la Organización Mundial de la Salud, los alimentos contaminados por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas son causantes de más de 200 enfermedades, desde diarreas hasta cáncer.

Frente a este panorama, el rol de los nutricionistas es importante en la difusión y acercamiento de información a las poblaciones, de acuerdo a las necesidades y posibilidades de cada paciente. Para los nutricionistas del siglo 21, la salud debe entenderse desde una perspectiva integral que atienda al contexto micro y macro estructural donde vive cada persona.

También es integral la solución a este problema mundial. Según el Instituto de Nutrición para Centroamérica y Panamá (INCAP), la Seguridad Alimentaria Nutricional “es un estado en el cual todas las personas gozan, en forma oportuna y permanente, de acceso físico, económico y social a los alimentos que necesitan, en cantidad y calidad, para su adecuado consumo y utilización biológica, garantizándoles un estado de bienestar general que coadyuve al logro de su desarrollo”.

Esta postura coincide con la ONU, quien sostiene que la seguridad alimentaria a nivel individuo, hogar, nación y global “se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana”.