* Por Damián Cantón, Docente e Investigador de Universidad Siglo 21.

Desde hace ya unos años, la presencia de venezolanos ha dejado de ser novedad en Argentina. Lejos de ubicarse en los típicos barrios que habitualmente son ocupados por los inmigrantes paraguayos, peruanos o bolivianos, la heterogeneidad que presenta la comunidad de venezolanos en el país los inscribe en diferentes ámbitos no solamente de residencia sino también en cuanto a su inserción socio laboral.

Según la Dirección Nacional de Migraciones, en 2018, la migración venezolana a Argentina se incrementó en más de 100% y subió al primer lugar del ranking de radicaciones de extranjeros en el país, desplazando así, por primera vez, a las de los ciudadanos paraguayos que ocupaban esa plaza histórica.

En los últimos tres años, tramitaron su DNI y obtuvieron su residencia en Argentina un total de 114.557 venezolanos, estimándose que los ingresos al país en este período ascienden a unas 130.000 personas.

Según los primeros resultados desarrollados por el Proyecto Democracia y Ciudadanía Multicultural en Argentina alentado por la Secretaría de Investigación de la Universidad Siglo 21, se pueden exponer algunas observaciones que enriquecen desde la mirada cualitativa y que expresan ciertas singulares provenientes desde el terreno, prioritariamente con personas entrevistadas en la Ciudad de Buenos Aires y en la Ciudad de Córdoba durante ese año.

Existe una suerte de “imagen a conservar” en la cual, las personas entrevistadas expresan no solamente la conformidad y acatamiento general de las normas de convivencia provenientes de la cultura mayoritaria argentina, sino que, a su vez, se hace manifiesto una especie de defensa de sus valores o normativas. En este sentido, se hace explícita una idea en relación a ser un migrante trabajador, correcto y casi respetuoso de los valores que inspiran a la sociedad en Argentina. Ante ello, el relato permite dejar ver una suerte de resistencia ante el real opotencial arribo de nuevos compatriotas que traigan prácticas o conductas consideren de “mal vivir” que afecten o distorsionen dicha imagen o, la hasta aquí, convivencia armónica.

Las personas entrevistadas, no manifiestan grandes tensiones en su vínculo de convivencia con la sociedad mayoritaria argentina, salvo en la necesidad de responder casi a modo protocolar
dos recurrentes cuestiones: ¿Está tan mal Venezuela como lo muestran? o ¿Argentina iba camino a ser como Venezuela? y que encuentra como respuesta ya ensayada y casi automática
inscriptas en un respetuoso casi compromiso cívico, intentan corresponder por la afirmativa en la primera y a modo negativo en la segunda.

Existen, al menos, dos últimas reflexiones que se consideran salientes y caben de ser mencionadas. Se evidencia un mito o conjunción de relatos comunes en torno a una singular frase: “Éramos felices y no lo sabíamos”. Bajo esta pesadumbre se transfiere un cierto temor al escuchar quejas frecuentes por parte de la comunidad de acogida en Argentina, quienes “no saben valorar lo que tienen”.

Esta contundente frase, invita a reflexionar al hecho sobre el cual, “en Venezuela, teníamos todo y nos quejábamos… hasta que lo perdimos todo: No hagan lo mismo ustedes”.

La realidad de la comunidad venezolana en Argentina, nos remite a encontrar, en términos generales, a una situación de no retorno y, el sentimiento comunitario con la sociedad de acogida se presenta como aún reciente e incipiente.

Lo cierto, es que, para muchas de las personas entrevistadas, “su Patria es su familia: Sus Hijos”. El Provenir es un Derecho que no conoce de políticas de derecha, de izquierda o de centro.

La incertidumbre, la violencia, el ánimo del poder, los intereses internacionales en juego, las confrontaciones entre uno u otro bando o la falta de consensos que continúa aún pendiente en Venezuela, han condicionado la salida de miles y miles de sus connacionales por el mundo, hecho que, sin embargo, demuestran una realidad contundente: El Derecho a una esperanza por constituir una Vida Nueva situados en aquellos lugares que así se lo permitan.

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