Eduardo “Coco” Oderigo es el fundador de Espartanos, una organización que decidió crear un equipo de rugby para presos con el propósito de proveer herramientas para su reinserción social.

 

“Es mirarlos a los ojos y brindarles otra oportunidad”. Esas fueron las primeras palabras de “Coco” en su visita a la Universidad Siglo 21. Así, con un nivel de emoción que trasciende los índices permitidos por cualquier cardiólogo, el auditorio del Campus se convertía en sede de un nuevo hito para la historia de la fundación: la presentación del libro “No permanecer caído”.

El material bibliográfico relata la historia de un equipo que logró cambiar la vida de muchas personas gracias al deporte, la espiritualidad, la educación y el trabajo formal. Nos enfrenta ante la realidad de que hay sujetos condenados desde la cuna a llevar una vida de maltratos, empapada por la delincuencia y la falta de oportunidades.

La historia de Espartanos encuentra sus inicios en marzo de 2009, cuando la pelota ovalada empezaba a rodar por primera vez en la Unidad Penal Nº 48 de San Martín, de la provincia de Buenos Aires. El panorama parecía poco alentador, solo diez jugadores y dos voluntarios empezaban a formar un sueño: transformarse en Espartanos.

Sin creer en los imposibles, una corazonada los alentaba a convertirse en los protagonistas de una historia que todavía tenía mucho por contar. Basta con ver la mirada de “Coco” para entender ese momento, sus ojos reflejan el amor de las personas que creen que todo, y principalmente el cambio, es posible.

A más de diez años de aquel comienzo, el programa Espartanos busca bajar la tasa de reincidencia delictiva con el apoyo de 649 voluntarios y una gran cantidad de donantes que promueven valores como la integración y la socialización, y el acompañamiento de las personas privadas de la libertad a través del rugby, la educación, el trabajo y la espiritualidad.

Consultado sobre por qué eligieron un deporte de tanto contacto físico para personas consideradas violentas, “Coco” no dudó ni un segundo en responder:

“El rugby en la cárcel genera cambios. Desde el inicio del juego hay que sacrificarse por la persona de al lado. Esto fue inculcando en ellos el respeto y la confianza, cambiaron su mentalidad y decidieron pensar en equipo”.

Fue a través de este deporte que se empezaron a forjar oportunidades y brindar herramientas en un ambiente que no les dejaba muchas alternativas de desarrollo. En conjunto con la educación, se fueron transformando las posibilidades de los convictos, comenzando por la independencia económica y la recuperación de la dignidad personal.

“La cárcel es meter amor en el infierno y a la larga gana el amor.  Parecen chicos de 6 años que nunca fueron abrazados. Hay que darles la oportunidad a las personas que se equivocaron e intentan cambiar”, expresa Oderigo

La sede de la presentación del libro y la vinculación que la Universidad mantiene con el rugby no es casual. Después de convertirse en sponsor de la UAR y ofrecer a la organización un plan de becas para sus jugadores, la Universidad Siglo 21 sigue apoyando y fomentando los valores que genera el deporte, a través de una unión que surge de las mismas ganas de avanzar, innovar y evolucionar continuamente.

Actualmente son 75 las empresas que lograron un convenio con Espartanos para generar puestos de trabajo y, a partir de ahí, la oportunidad laboral de 280 personas que pudieron reinsertarse al mundo laboral y conseguir la aceptación de un mundo que durante toda la vida no hizo más que cerrarles puertas.

Dividido en 21 provincias y cinco países, el sueño de “Coco” y de más de 3000 jugadores no deja de sorprender al mundo. Creyendo en las segundas oportunidades y entendiendo que la vida tiene mucho más para darles, pero, por sobre todas las cosas, que lo más importante es no permanecer caído.