*Por Mgter. Jaime Rodriguez Alba, Director de la Lic. en Administración Pública.

En nuestra Universidad somos jóvenes. Y en el mundo actual, cada vez más los jóvenes tienen la experiencia de los viejos y los viejos la de los jóvenes. Por esto hemos creado Filosofía 21, donde buscamos el pensar colaborativo sobre temáticas que acucian y hasta incendian nuestro mundo.

Nuestros jóvenes filósofos se acercan a la vieja Filosofía, y esta, anciana pero ágil, irrumpe para dejar sus huellas en el ánimo, auténtico motor de todo cambio.

No creemos, como ciertos CEOS que se reunieron en Perú o como ciertos presidentes de países cercanos, que la Filosofía sea un saber que no sirve. Al contrario, todo lo que hace reconocer los peligros ayuda a abordarlos.

En nuestros encuentros buscamos reflexionar sobre temas como el lugar que cabe esperar al hombre ante los desafíos de las nuevas tecnologías (trabajo, cyborgs, inteligencia artificial, etc.), las problematizaciones que la deconstrucción de los géneros involucran para la existencia de los humanes concretos en este siglo 21 que ha de dejar de ser cambalache, qué incidencia tienen las redes sociales en la conformación de subjetividad o qué vínculo tiene el razonamiento con la emocionalidad. Temas que para otras ediciones iremos ampliando.

Y como es propia de la actividad filosófica la apertura a los interrogantes: ¿Cómo será la sociedad del futuro? ¿Estaremos ante una utópica sociedad de hombres libres del trabajo que dedican sus energías creativas a otras formas de relación humana? ¿O más bien ante sociedades distópicas en las que los niveles de desigualdad y marginación generan sociedades en puntos límites de extinción? ¿Cómo afectará el fin del trabajo –como lo conocemos- a la conformación de subjetividad? ¿Será capaz el hombre de abandonar su condición de homo faber? ¿Será esta la ocasión para la ampliación de la acción humana? ¿O más bien asistiremos a la distópica situación de máquinas que, rebeladas contra el ser humano, lo someten a la reproducción tecnológica de la existencia, transformando la labor del ámbito del bios al de lo Cyborg? ¿Y si, como sugiere Harari, estamos ante una nueva especie, superando la condición homo sapiens? ¿Seremos capaces de vivir al margen de la ética del trabajo?

¿Qué sucede si no existen más los géneros? ¿Qué incidencia tiene la construcción de género en la conformación de la identidad? ¿Es posible la desidentificación absoluta del individuo?

Filósofos-sociólogos como Bauman piensan que las redes sociales construyen un sujeto falsificador, que transporta su trauma de ser sujeto a un mundo de escaparate en el que puede ocultar sus modos de violentar al otro, y sobre todo oculta la violencia respecto a sí mismo.

Otros filósofos-psicólogos como Lacan, aunque no vivieron las redes, nos sitúan ante un umbral de consideraciones afines. ¿Qué ocurre cuando las redes fragmentan más la imagen de lo que hace el propio espejo? ¿Son espejos las redes? ¿Qué tipo de ideal del yo se construye en las redes sociales? ¿Cómo afecta este espejo reduplicado a la conformación psíquica? ¿Qué tipo de psicosis nos acercan las redes?

Otros filósofos como Zizek –también formado en psicoanálisis- nos permiten comprender algo central: el modo como el sujeto miente-se en las redes sociales es el modo como se dice la verdad a sí mismo. Si vamos más allá de Foucault –la Filosofía es siempre el arte de “ir más allá de los más acás”- podemos también pensar: ¿qué tecnología del yo generan las redes sociales? ¿Cómo es el yo sin sustancia pero con imagen múltiple y sin coherencia que las redes producen? ¿Qué pasa con las prácticas de verdad? ¿Son las redes sociales el nuevo confesionario del siglo 21?

Desde la inteligencia ética, como inteligencia de las emociones –de la que de algún modo nos habla Aristóteles– hasta los sentimientos morales que nos hablan los filósofos escoceses como Hume o posteriormente Adam Smith, lo cierto es que la construcción de la moralidad humana incorpora siempre a las emociones y los sentimientos. Tomando el homónimo nombre de la obra de Max Sheler: ¿Cuál es la esencia y las formas de la empatía? ¿Ayudan las emociones a erotizar la razón? ¿Cómo argumentar para todos desde emociones que son para pocos o en el límite uno mismo? ¿Caben argumentos que no tengan carga emocional? Unamuno se quejó en su momento: el hombre Spinoza, de carne y hueso conformado, escribe nada más y nada menos que una ética en la que habla de las emociones y los sentimientos, y de cómo las virtudes humanas y sus vicios se incrustan en la médula misma del cuerpo humano; pero este hombre tan de carne y hueso: ¡escribió siguiendo un orden geométrico! ¿Y si vamos a topologizar las pasiones? ¡Geometrías variables para mundos inquietos, nuevas tareas del filosofar!

Con estos interrogantes, y otros tantos que emergen de la escucha activa que ejercemos, buscamos en Filosofía 21 un espacio de encuentros para pensarnos en un mundo complejo y dinámico como el nuestro. Por supuesto estamos todos invitados, y por mi parte en calidad de coordinador académico del evento invito a todo quien quiera proponer, colaborar, cuestionar, etc., se ponga en contacto conmigo.
Contacto: jaime.rodriguez@ues21.edu.ar