Por la Lic. en Marketing María Luciana Mudry. Directora de la Licenciatura en Comercialización de la Universidad Siglo 21.

Los seres humanos nos encontramos en un punto en común:  todos -“empresas, consumidores, profesionales”- tenemos la  imperiosa necesidad de simplificar nuestras gestiones, servicios o productos. La sobresaturación de estímulos y los ciclos de cambio cada vez más rápidos nos llevan indefectiblemente a la búsqueda auténtica de la simplificación. Aquí es donde la tecnología y las herramientas que ella provee entran en acción.

Ya con mirarnos a nosotros mismos podemos ver cómo la tecnología ha impactado y penetrado en la fibra más íntima de nuestro ser. La tecnología es omnipresente. El comportamiento de la persona ha sido “atravesado” por las herramientas digitales y estos nuevos hábitos van transformando las empresas y, por ende, nuestra mirada profesional sobre la urgencia de comprender, aprender y apropiarnos de estas herramientas.

La comunicación ha cambiado, el viejo paradigma del mensaje construido unilateralmente por la empresa ha dejado de interesar y ha perdido credibilidad. Estas tecnologías ponen en manos del consumidor el poder para construir un mensaje que habla y comparte con la marca. Esta nueva forma de comunicación se construye colaborativamente y sin premeditación, a diferencia de lo anterior que era planificado y premeditado.

La empresa hoy debe realizar un trabajo muy profundo basado en el conocimiento pleno de las necesidades de su target, recursos humanos involucrados y comprometidos con dicha satisfacción y un discurso marcario honesto. Estas son las bases para poder trabajar y co-crear junto a nuestros consumidores los mensajes que hablan de Nuestra Marca.

Estas herramientas socavan los paradigmas de consumo tal y como los hemos aprendido. No existe online u offline para el consumidor, ha dejado de existir la no conexión.

Hoy estamos transitando un espacio de continuidad, de falta de límites en los espacios de encuentro y pequeños momentos (micro-momentos) que son hoy los “Momentos de la verdad” para el consumidor.  Fallar aquí representa no cumplir con la promesa de la marca, implica quedar fuera de la vida de “ese” ser humano (nuestro consumidor); dicho de otra forma, dejamos de existir para “él”.