Por Leticia Pirard Martínez. Tutora de la Tecnicatura en Responsabilidad y Gestión Social.

En la ciudad de Córdoba, en el marco del primer centenario de la Reforma Universitaria de 1918, durante el mes de junio 2018, se celebrará la III Conferencia Regional de Educación Superior (CRES). El gran desafío de este encuentro será concertar la Declaración y Plan de Acción sobre la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Dentro de la perspectiva del desarrollo humano sostenible y el compromiso con sociedades más justas e igualitarias, la CRES ratifica la responsabilidad de los Estados de garantizar la Educación Superior como bien público y derecho humano y social.

La CRES es una oportunidad única para repensar cuál es la universidad que queremos: ¿dónde estamos hoy? ¿Dónde queremos estar? ¿Cuáles son las vías para transitar ese cambio? La primera gran luz para alumbrar estos y otros interrogantes está planteada en los ODS: Objetivos de Desarrollo Sostenible, una política pública común a 192 países, enmarcada en los principios de igualdad, democracia y libertad.

El divorcio actual entre Universidad, Estado y Sociedad, nos enfrenta al reto de “hacernos cargo” de las necesidades sociales y humanas y también, como afirmó el Dr. En filosofía, François Vallaeys, durante su exposición en la Pre CRES del 12 de abril organizada por el Foro de Rectores de Córdoba, nos obliga a “corresponsabilizarnos” asumiendo el compromiso de actuar juntos: empresas, instituciones públicas, organizaciones sociales, universidades, ciudadanos.

La universidad tiene la responsabilidad de impulsar la comprensión de problemas con dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales. Tales compromisos dan contenido a las políticas institucionales que incluyen derechos y deberes entendidos como políticas de calidad que transforman los procesos de investigación, formación, gestión institucional y participación social. Los deberes institucionales y sociales activan el Potencial Social de la Universidad (PSU), conformado por la capacidad de innovación -producción de conocimiento e innovación-, de transformación -formación de ciudadanos activos y agentes de corresponsabilización- y de armonización -políticas de frente a los desafíos sociales y territoriales- (CRES, 2008).

La Universidad es, por tanto, un actor estratégico para el desarrollo en América Latina y el Caribe, que contribuye a disminuir y superar las asimetrías en ciencia, tecnología, innovación y cultura existentes entre los países.

El Dr. En Ciencias del Trabajo, y especialista español en Responsabilidad Social Juan José Almagro, afirma que por ser generadora y transmisora del conocimiento, la universidad debe enarbolar la conciencia ética, social, crítica del resto de la sociedad y por supuesto, liderar el cambio. Liderar es educar, y educar no es solo instruir, sino transmitir auténticos valores humanos, de convivencia social y organizacional, que conduzcan a una cultura de la paz.

Es por ello que los interrogantes que la III CRES pondrá en juego tienen que ver con poder pensar la verdadera injerencia de nuestras universidades en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. ¿La universidad debe estar en función de la empleabilidad de un conocimiento útil o fomentar también conocimientos y capacidades que contribuyan a fortalecer la dignidad de la persona como tal, a la búsqueda de la verdad, a la transformación del mercado y a la resolución de los problemas sociales? ¿Es más importante la cantidad de papers que publican los investigadores o bien la pertinencia de los mismos en relación al desarrollo humano sostenible? Y más aún, ¿cuál es la transmisión o uso concreto que se hace luego de ese conocimiento generado? ¿La apertura al mundo, la internacionalización, la diversidad, la interculturalidad son prácticas concretas en la universidad que impulsan sinergias, participación y articulación de actores o solo son componentes discursivos? ¿Es más importante dónde trabajan nuestros graduados o bien si realmente son agentes de transformación en sus comunidades? ¿Estamos realmente formando profesionales responsables? Es decir, ¿profesionales que conocen los impactos positivos pero también los negativos del ejercicio de su práctica? ¿Profesionales que son autocríticos y que, asumiendo su corresponsabilidad, están en condiciones de trabajar en articulación con otros actores sociales para construir soluciones innovadoras y concretas?

Desde la premisa que la responsabilidad social es transversal y abarca a toda la universidad, integrando cada uno de los ejes -formación, investigación, gestión y extensión-, la CRES III es la oportunidad de construir respuestas consensuadas e innovadoras a estas cuestiones. Acordamos en este punto con el Dr. Juan José Almagro, quien plantea que la universidad debe comenzar por lo exigible: las políticas de la institución, los acuerdos, las memorias. Continuar por lo obligatorio: los comportamientos éticos, el buen gobierno, la transparencia, el cumplimiento de la ley. Y terminar por lo aconsejable: la acción social y el voluntariado.

Seguramente este será un proceso gradual de transición donde se asumirá  lo aconsejable como obligatorio y luego lo obligatorio como exigible. Pero es allí donde apuntamos cuando pensamos en la universidad del presente como agente productor y transmisor de conocimiento e imaginamos la universidad del futuro como espacio de conocimiento pero sin duda alguna, también de transformación.

Es por ello que como universidad que se piensa y replantea a sí misma en función y relación a la sociedad toda, desde la Siglo 21, impulsamos la CRES III y los invitamos a ser parte de las conferencias, simposios y mesas de trabajo que se desarrollarán en Córdoba en la Ciudad Universitaria entre el 10 y el 15 de junio.