La crisis del coronavirus afecta especialmente a las mujeres en el ámbito de la salud, el trabajo y las actividades domésticas. El confinamiento implica en muchos casos poner en riesgo sus vidas ante el incremento de la violencia de género, pero también peligra su estabilidad laboral y financiera ¿Qué pueden hacer las organizaciones para mejorar su situación? La desigualdad se acentuó durante la pandemia y los desafíos son mayores.

Desde el inicio de la pandemia, la Organización de Naciones Unidas (ONU) viene alertando sobre el impacto social y económico que la actual crisis sanitaria tiene particularmente sobre las mujeres. El organismo advierte acerca del papel desproporcionado que juega este sector en la respuesta a la enfermedad a raíz de que “sus roles esenciales como personal de la salud o voluntarias de la comunidad las colocan en un mayor riesgo de contagio”.

Los altos índices de informalidad en el que desarrollan sus actividades laborales, sitúa al colectivo femenino en una posición económica muy desfavorable. Ello se suma a un crecimiento exponencial de la violencia de género y a una reducción de la prestación de servicios de salud sexual y reproductiva causado por la congestión de los centros médicos. De allí que se exija a los Estados una gestión de la crisis con perspectiva de género.

Entre los diferentes niveles de la sociedad, las mujeres continúan siendo “la minoría de la minoría”, según lamenta la Lic. Laura Gaidulewicz, Directora del Instituto de Género e Inclusión de Universidad Siglo 21, es decir, siguen siendo las más afectadas dentro de los sectores vulnerables. “Es importante entender que los sesgos de género atraviesan todas las clases sociales y agravan las diferencias que ya preexiste en relación a otras desigualdades”, precisa.

Cuando la casa no es el lugar más seguro

En la gran mayoría de los países que vienen implementando medidas de aislamiento para hacer frente a la crisis del coronavirus, las consignas para concientizar a las personas giran en torno a #QuedateEnCasa. Sin embargo, tal como sostiene Gaidulewicz, “no todos tenemos la misma posibilidad ni la misma calidad de vida en lo que es el ámbito intramuros y eso también explica que para muchas mujeres implicó quedar en una situación de extrema vulnerabilidad con su agresor o potencial agresor”.

En palabras de la Ab. Elizabeth Gómez Alcorta, Ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, las denuncias por violencia de género se incrementaron un 40 por ciento durante la cuarentena. La cifra adquiere mayor notoriedad cuando se la compara con el resto de los delitos que sufrieron una considerable baja en estos meses.

La pandemia acentuó las brechas de género

Desde ONU Mujeres, la Mgter. Verónica Baracat, Especialista nacional del Sector Privado, sostiene que la crisis del coronavirus no hace más que acentuar las brechas de género. Quedarse en casa implica también para este sector poner en riesgo su autonomía financiera. En nuestro país, el 98,7 por ciento de las trabajadoras de casas particulares son mujeres que vieron disminuido sus ingresos o se quedaron sin empleo en este periodo, en tanto que un 75 por ciento se encuentra en la informalidad.

Las mujeres son también mayoría en el sector de la salud, donde abarcan el 71 por ciento del total de los trabajadores, estando de este modo en la línea de fuego del combate contra la pandemia. Sin embargo, en Buenos Aires por citar un ejemplo, sólo el 25 por ciento de los cargos directivos de esta área están ocupados por ellas.

En el caso de los servicios personales vemos como peluqueras, pedicuras, masajistas, entre otras, han paralizado su labor producto de las medidas de distanciamiento social. Similar es la situación en el sector de pequeñas y medianas empresas donde las mujeres lideran un considerable número de emprendimientos que frenaron por completo su producción.

En este punto, Gaidulewicz insiste en que el impacto de la crisis en el ámbito laboral se sentirá también con mayor fuerza en sectores como el turismo, donde las mujeres tienen una gran presencia como propietarias de empresas o como generadoras de fuentes laborales que absorben justamente a un considerable número de sus pares. No es para menospreciar además el hecho de que la representación de las mujeres en los lugares donde se toman las decisiones tanto en materia laboral como en el resto de las áreas continúa siendo desigual. Para ejemplificar esta situación, la referente en género de la institución educativa sostiene que la presencia femenina en los órganos resolutivos implica sólo el 11 por ciento de las empresas argentinas que cotizan en la bolsa de valores. “Más de la mitad de las empresas no cuentan con ninguna mujer en las mesas de decisión”, enfatiza.

Además de la dura realidad fuera de casa, el confinamiento implica para las mujeres un incremento en las tareas domésticas no remuneradas, a las que dedican un promedio de seis horas mientras que los varones sólo tres. “A las mujeres les incrementó el trabajo en casi todas las actividades que tengan que ver con el cuidado, excepto en hacer las compras, que implica salir de casa. Y a los hombres al revés, sólo se incrementó el tiempo que le dedican a salir a comprar”, evalúa Baracat.

La diversidad de la fuerza de trabajo potencia a las empresas

En términos de ganancias, la igualdad de género puede considerarse como un buen negocio, sin que eso signifique el aprovechamiento de esta temática por parte de las organizaciones o como se dice en el rubro un “whitewash”. Según estima Baracat, “hay evidencia de que las organizaciones son más productivas, rentables y tienen una mayor satisfacción de clientes”.

La diversidad de la fuerza de trabajo permite que en una empresa se debatan más ideas y a la larga se tomen mejores decisiones, provoca una mayor capacidad de las organizaciones para atraer y retener talento, alcanzando un 40 por ciento más de productividad.

“La igualdad de género mejora la productividad y el rendimiento económico nacional, ya que cuando las mujeres tienen más acceso a ingresos, aumenta el PBI de los países y también se logra una mejora en el rendimiento interno de las compañías”, explica la referente de ONU Mujeres.

Se estima además que las mujeres son las principales decisoras de compra para el grupo familiar, ya que controlan el 65 por ciento del gasto familiar, por lo que cada vez es más importante y rentable conocer cuales son las necesidades de las mujeres en tanto consumidoras.

En la misma dirección, Baracat sostiene que la igualdad de género mejora la reputación organizacional en dos sentidos. “Por un lado en la cuestión publicitaria la sociedad ya no tolera la publicidad sexista y es muy riesgosos para una empresa tener ese tipo de contenidos. Y por otro lado, en relación a la violencia laboral con enfoque de género y acoso sexual en el trabajo, tener una empresa más igualitaria previene esas situaciones y ofrece mecanismos para resolverlas, evitando riesgos legales y pérdida de reputación”, agrega.

Si bien la agenda de la igualdad de género está instalada en la sociedad, aún resta ver los resultados concretos, ya que en el mercado de trabajo la tasa de empleo de las mujeres no aumenta desde hace quince años. “Sigue siendo 20 puntos menor que la de los varones”, enfatiza la especialista al tiempo que completa: “En Argentina tenemos un mercado laboral sumamente segmentado donde hay trabajos para mujeres y trabajos para hombres, por lo que resulta necesario que se deje de pensar en que solamente los varones pueden trabajar en la construcción o en la industria, ya que eso reduce el mercado de trabajo para nosotras”.

Buenas prácticas empresariales en contextos de crisis

Con la pandemia como eje transversal que modifica todo a su paso, algunas organizaciones implementaron ciertos lineamientos que se orientan a mitigar los efectos físicos y psicológicos en los trabajadores. En este sentido, desde ONU Mujeres dieron a conocer una serie de iniciativas bajo el concepto de buenas prácticas empresariales a fin de que comiencen a repetirse en otras instituciones.

Las licencias para empleados con hijos o familiares mayores a cargo constituyen una de estas iniciativas, al igual que reforzar la comunicación interna en relación a generar un reparto igualitario en los cuidados y las tareas domésticas. Se fortalece la prevención de violencia doméstica a través de charlas para concientizar sobre la temática o asistencia psicológica y legal a las víctimas.

En cuanto a las emprendedoras y empresas lideradas por mujeres, se orientan las acciones a incentivar la compra de sus producciones. También otra de las buenas prácticas guarda estrecha relación con la salud y el bienestar de los cuerpos, ofreciendo herramientas de educación emocional e impacto de COVID-19 en las mujeres, garantizando el acceso a elementos de higiene y desinfección o brindando clases de yoga y meditación.

Otra medida para colaborar con mujeres de sectores vulnerables y lograr un impacto en la cadena de valor consiste en ayudar financieramente a pequeños clientes y proveedores, a través por ejemplo de créditos extendidos o mayor flexibilidad en el pago de deudas.

El trabajo articulado como respuesta a la violencia de género

Tanto a nivel nacional como internacional se llevan adelante un gran número de proyectos que articulan el Estado, las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado tendientes a reducir la brecha de género y a erradicar todo tipo de violencia hacia las mujeres. La Mgter. Victoria Giussani, Asesora en Cooperación Internacional de la Delegación de la Unión Europea en Argentina, explica que el trabajo cooperativo apunta a fortalecer la autonomía social, política, económica y física de las mujeres.

Un ejemplo de estas articulaciones es la Iniciativa Spotlight, una campaña conjunta de la Unión Europea y las ONU orientada a eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas. En nuestro país, la propuesta trabaja por una parte en el ámbito de legislación y política, “donde tenemos el gran desafío de que las excelentes leyes que tienen Argentina, como Ley Micaela y Ley Brisa, se conviertan en políticas públicas financiadas, apoyadas por el Estado argentino e implementadas en todo el territorio”, según explica Giussani.

El programa apunta también al fortalecimiento institucional, la prevención de la violencia, los servicios de calidad disponibles y accesibles para las víctimas, la generación de datos fiables sobre la problemática y el apoyo a organizaciones de la sociedad civil y al movimiento de mujeres.

El programa Ganar-Ganar es otro de los planes de gestión conjunta entre los organismos mencionados, que se están llevando adelante en Argentina. Esta iniciativa busca promover y fortalecer negocios y redes de mujeres empresarias, contribuir a un modelo sostenible de igualdad de género en el sector privado y establecer una iniciativa de financiamiento innovador y de inversiones con enfoque de género.

Los desafíos que nos quedan

La crisis del coronavirus no hace más que reforzar las desigualdades estructurales que ya existen en las comunidades, por lo que los esfuerzos para revertir esta situación deben trabajarse tanto a nivel de políticas de Estado como también en el ámbito de las organizaciones con planes de acción concreto.

Sin embargo, la cuestión no sólo atañe a los organismos y sus trabajadores, “también implica cambios en la manera de vincularnos”, como sostiene Gaidulewicz.

“Implica muchos cambios a nivel interno de cada uno de nosotros porque tanto a los varones como a las mujeres nos atraviesan los prejuicios y los mandatos”, señala como reflexión final.

Los y las estudiantes de Universidad Siglo 21 se forman con una perspectiva realista de la actualidad social. Esto les permite crear soluciones innovadoras para las distintas problemáticas socio/culturales que se presentan en el mundo actual.