Jimena Elías es Licenciada en Pintura, docente de la carrera Diseño Gráfico de Siglo 21, y acaba de exponer en la galería de arte del Paseo del Buen Pastor Wellcoming Home, un conjunto de pinturas y esculturas en las que utiliza distintos patrones estilísticos contemporáneos y lenguajes plásticos. La exposición girará luego por distintas salas dentro y fuera de la ciudad de Córdoba.

“Uno de mis mayores sueños es que la obra que engloba Munino sea fácilmente reconocible por grandes y chicos de todos los estratos sociales. Que el arte sea parte de la vida cotidiana, y que todos tengamos acceso a ella”, expresa.

Sobre la obra Wellcoming Home, ¿cómo surgió la idea? ¿Qué te interesa transmitir?

Siempre estuve investigando a la figura del artista, lo que representa, cómo se muestra, la imagen que se tiene del mismo. Creo que este fue el punto en el que me inspiré para trabajar. Un artista al exponer su trabajo muestra un poco de su interior, de sus intereses, sus aspiraciones, su ideología…

Wellcoming Home es una muestra en la que expongo un poco de mi intimidad y de mi exterior. Una dualidad que me permite indagar tantas cosas interesantes como artista y como persona. Una serie de casitas que son justamente eso, mi exterior. Una persona sencilla, muchas veces aniñada, amistosa, sin tantas pretensiones.

¿Por qué elegiste las casas?

Porque una casita nos acerca a la niñez, a la casita del árbol, a las vacaciones en una cabaña, son casitas o casuchas de río, simples, simpáticas, casuchas que en su apariencia no son grandes construcciones ni de gran ingeniería, pero que son simpáticas, amorosas y

muy acogedoras que dan ganas de llevártela a tu casa.

Me representan como artista y como persona, son mi refugio y mi carcasa que me protege. La marca que llevan es una especie de sello que registra un pedacito de mi mundo y que “te comparto” para que acojas en tu mundo (una especie de amuleto).

Si bien la idea es hacer una gran serie de casitas, si se quiere en serie, cada una de ellas será siempre distinta, como cada “relación” que tienes con cada persona con la que te relacionas.

¿Y los retratos?

Los retratos, esta vez un poco más reales, son como mis alter ego, mis “Muninas”.

Esta vez más maduras, menos “nenotas” o muñecas, más reales, más humanas, sonrientes o más serias, que cuentan una historia, quizás mi historia, quizás tu historia. Las “Muninas” en todas sus formas habitan estas casitas o casuchas y se encuentran en el montaje relacionadas a los “Muninos”, una especie de objeto amuleto simpático, y a la comida; soy una gran fanática de la comida colorida y decorada.

A Jimena le encanta ver series y entrar a las tiendas donde venden “chucherías”. Allí consigue los mini muñecos que colecciona en los estantes de su casa. Además de pintar, disfruta de salir a caminar porque va con la mirada atenta frente a todo lo que encentra a su paso.

¿Cómo es la rutina de producción de una artista? ¿Las exposiciones te marcan un ritmo o es al revés?

La rutina como artista es como toda actividad un trabajo más, hay que dedicarle horas al trabajo y mucho compromiso con lo que uno hace. Trato en lo posible de dedicarle todos los días un par de horas, ya sea para la producción, como así también al pensamiento y reflexión sobre lo que me interesaría trabajar.

Las exposiciones muchas veces nos dan el impulso necesario para terminar de cerrar las ideas y hacerlas posibles. El espacio expositivo nos da una especie de contextualización que en gran parte es necesaria para pensar cómo organizar las piezas del rompecabezas.

¿Cómo definís tu estilo?

Mi estilo es bien gráfico y contemporáneo. Me inspiran muchísimo la estética de las ilustraciones japonesas, el manga, el animé. En mis raíces también tengo mucho del Street Art, que es donde comencé, y del Pop Art.

Me inspira por sobre todo, la cultura de consumo, que se podría decir, que esta obra nace desde la curiosidad de entender los objetos y las apariencias, sus formatos estandarizados y sus colores, elementos que, a pesar de sus distintas procedencias, se unen y conforman un lenguaje plástico que la define.

 

 ¿Por qué elegiste este camino de expresión?

Creo que la pintura y la escultura son los lenguajes en los que me siento muy cómoda y los disfruto mucho. El sentirme sumergida en los detalles, en la habilidad de la mano, en la exploración de los materiales. No podría elegir uno por sobre el otro, siempre los encuentro conviviendo y complementándose.

¿Qué te aportó tu paso por la universidad y, ahora, la docencia?

La universidad me abrió la cabeza, me invitó a convivir y conversar con otros contextos, con otras ideas y con otros lenguajes. Me dio un mundo más amplio de posibilidades, y siento que también me enseñó a tener un pensamiento crítico más afilado.

La docencia también me impulsó nuevamente a querer mostrar lo que uno hace día a día, contarles a los alumnos las experiencias, acercarlos al arte de nuevo.

¿Creés que como artista tenés una responsabilidad social?  

No creo que tenga una responsabilidad social, pero sí siento que tengo un compromiso conmigo misma en transmitir lo más fielmente posible mis intereses, en devolverme a mí misma el sacrificio y el compromiso que tengo con mis construcciones plásticas. El exponer el trabajo de uno, es dar un cierre a aquello en lo que estuvimos trabajando comprometidamente.