Fabián Saieg es cofundador y presidente de Ecoinclusión, una fundación dedicada al reciclado de plástico y la construcción ecológica con fines sociales.

EcoInclusión surgió de la conversación de tres amigos que querían “hacer algo” con impacto ambiental. Indagando en qué proyecto embarcar, encontraron un prototipo de ladrillo con plástico PET reciclado que podían desarrollar con el apoyo del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), el CONICET, y la Asociación de la Vivienda Económica (AVE).

Quince botellas de plástico, sin lavar, sin tapita, con o sin etiqueta son la materia prima para triturar, convertir en escama y luego mezclar con cemento para obtener un ladrillo ecológico, que es una pieza similar a la de barro. Los ecoladrillos van destinados a la construcción de viviendas de sectores en situación de vulnerabilidad de la sociedad.

En 2017, EcoInclusión ganó un concurso de Google que buscaba fomentar proyectos con impacto social. Los emprendedores se llevaron un premio de 600 mil dólares y el asesoramiento del gigante tecnológico para seguir consolidando su iniciativa.

¿Cómo están trabajando en la actualidad?

Tenemos una oficina en el centro de Córdoba, y la planta se está mudando de Alta Gracia a Santa Ana, donde acopiamos plástico, materiales, producimos ladrillos y los paneles.

¿Qué les significó la beca de Google?

Fue un antes y un después. Nos posicionó y nos abrió un montón de puertas para concretar lo que buscamos. Nos potenció y dio herramientas para poder lograr el proyecto. Nos permitió comprar máquinas, un camión para transportar el plástico, armar el galpón que tenemos, armar la logística, las primeras construcciones. Las ideas estaban y el premio nos permitió concretarlas, lo que nos hubiese llevado más tiempo.

¿Con qué municipios y organizaciones están en contacto?

Alta Gracia, Despeñaderos, Los Aromos, La Bolsa, Córdoba, Malagueño, y estamos en contacto con Ingenieros sin Fronteras, distintas ONG’s, cooperativas, recolectores informales. También tenemos una red para la recolección de las botellas conformada por grupos que trabajan en construcción en barrios vulnerables.

¿Cómo te llevás con tu rol de emprendedor?

Lo llevo bien. Es difícil emprender, plasmar las ideas que uno tiene en la cabeza. Hay que tener muchas ganas para llegar donde uno se lo propone.

Es un camino muy lindo, pero con muchos obstáculos. Hay que saber sortearlos, tener un verdadero propósito que te motive. Si fuera solo por dinero no podríamos hacer lo que hacemos. Lo que nos mueve es otra cosa; el impacto que generamos y mostrar un verdadero cambio es lo que nos da ganas y fuerza para emprender.

¿Cuáles son las oportunidades y fortalezas que encontraste en el entorno para animarte a emprender?

Desde que era estudiante de Siglo 21 participo de todos los encuentros que hay de emprendedores, charlas, eventos, porque ayudan un montón. Esas experiencias abren la cabeza, inspiran, te dan ganas de animarte y realmente lo que me motiva es que nuestro emprendimiento está buscando generar un impacto social y ambiental positivo. Hay grandes oportunidades para los emprendimientos de triple impacto: lo económico, lo social y lo ambiental, no solo la rentabilidad. El mundo va orientado en ese lugar. Grandes empresas están buscando ser más sustentables y, en muchos casos, arrancan la organización con ese espíritu desde cero.

¿De qué modo la Universidad aportó en tu formación de emprendedor?

Participé del Centro de Emprendedores, me contactaron con organizaciones y empresas. En una oportunidad, participamos del Programa Emprende INNdustria Córdoba, del Gobierno, y necesitábamos una empresa madrina y en el Centro de Emprendedores me contactaron con Coca Cola Andina. Y gracias a ese contacto salió el proyecto.

En todas las acciones estaba el Centro apoyándonos e invitándonos a charlas para generar redes, y ése es el valor de los emprendedores, estar conectados y encontrar soluciones en conjunto.

A nivel del ambiente, ¿cuál es la contribución que están realizando con los ecoladrillos?

Generar redes de recolección de plástico, colocando puntos verdes de recolección, e incidiendo en políticas de las empresas para que empiecen a recolectar internamente los desechos y luego, con la organización, podamos darle otros destinos a través de la transformación en materiales de construcción, que los destinamos a causas sociales. Mostramos cómo se puede transformar un desecho o un problema en una solución. En el caso de las empresas, grandes generadoras de basura que habitualmente pagan por el servicio de recolección, les mostramos que, por el mismo costo, podemos transformar sus desechos y dar un uso social en lugar de enterrarlos.

El aporte ambiental es reducir la cantidad de plástico que se está enterrando y generar conciencia de que la basura es materia prima para producir otros elementos.

¿Cómo se proyectan? ¿Cuál es el próximo paso?

Nuestro sueño es posicionar a Ecoinclusión a nivel latinoamericano. Estuvimos trabajando para generar una gran red. En estos meses, visitamos siete ciudades del país con el Ministerio de Desarrollo Social de Nación. Estamos extendiendo conexiones a esos lugares, para armar una gran red nacional de gente que transforme los desechos plásticos en materiales de construcción y que construya viviendas.

La proyección es salir de Argentina y expandirlo a distintos países de Latinoamérica. En eso estamos trabajando y es lo que nos motiva y nos da las ganas de seguir.

El Centro de Egresados y Empleabilidad de la Universidad Siglo 21 ayuda a todos los estudiantes a identificar competencias, gustos, y a fomentar su desarrollo. Impulsa que, entre los alumnos, egresados y el mundo empresarial se generen vínculos.

Al igual que Juan, podés comunicarte con el centro a egresados21@ues21.edu.ar