Por Mgter. Andrés Pallaro. Docente y analista de Universidad Siglo 21.

Como suele suceder con los grandes hits de la cultura, la serie española La Casa de Papel nos ha dejado pensando, conversando y haciendo distintas valoraciones. Mas allá del hecho artístico y las miradas que podamos tener en torno al guión, los actores y la puesta en escena, el impacto de la serie se ha traducido en analogías, ejemplos y aprendizajes que se propagan y generan polémica.

En el campo del Management, cuya esencia es el trabajo conjunto de personas diversas que dan lo mejor para lograr resultados en entornos de alta complejidad, podemos tomar lecciones positivas del equipo del atraco español de ficción. Y otras que atentan contra el buen arte del Management actual. En esta nota, pondré el foco en un conjunto de razones por las que entiendo La Casa de Papel como un buen caso de Management anticuado y estéril para gestionar equipos y organizaciones en nuestro tiempo.

Liderazgo omnipresente y sabelotodo

¿Quién puede dudar de que el Profesor es un genio? Solo una cabeza prodigiosa con altísima concentración podría haber generado tamaña obra del delito. Pero en eso mismo radica su vulnerabilidad: los líderes demasiado presentes en los detalles de una operación organizacional y que concentran de manera muy marcada el conocimiento “de lo que hay que hacer” generan condiciones para una rápida caída o bien generan que el funcionamiento exitoso sea cada vez más forzado y costoso (material y emocionalmente) para un equipo.

Verticalismo profundo

Asociado a lo anterior, pero no siempre en paralelo, el verticalismo se extiende como paradigma en un equipo que reconoce y legitima jefaturas de turno a las que supuestamente se les debe la lealtad de los silencios temerarios. Tanto en el patriarcado de Berlín como en el breve matriarcado de Nairobi, la premisa que emerge es tener el mando y con  él enviar ordenes hacia abajo sin mayor reparo. Es redundante decir lo poco y mal que esto puede funcionar en los equipos de hoy. Aún en operaciones de altísima intensidad (como atracos de ficción), los verticalismos pueden y deben ceder ante los espacios de horizontalidad y los crecientes márgenes de autonomía de las personas que integran cualquier equipo.

Excesiva planificación

Es claro que el Profesor dedicó su vida a este atraco y que quizás las circunstancias así lo exigían. Pero ampliando el análisis al mundo del Management, los planes excesivamente urdidos, con tamaña amplitud de supuestos y replicas de ingeniería social tan detalladas, suelen chocarse contra las realidades múltiples, los cisnes negros y la variabilidad creciente de comportamientos en las personas. Sencillamente ya no podemos tener planes tan perfectos. Tenemos escenarios, estimaciones y modelos. Y luego estrategia para actuar.

Debilidad de valores compartidos

Los equipos actuales, en cualquier proyecto y organización, funcionan en la diversidad. Las miradas, habilidades y aportaciones de las personas se complementan y ensamblan. Lo que no puede faltar si aramos a altos estándares es la creación de un plexo de valores compartidos. Y si bien algo de ello se percibe en el equipo del Profesor, a medida que la serie avanza se va diluyendo en lo que verdaderamente los une: vidas desquiciadas que los convierten en agentes anti-sistema unidos por el propósito de la salvación del dinero a través de un atajo. Ni en materia de rehenes heridos, ni en gestión de las diferencias, ni en códigos de trabajo, etc., emergen valores en común que guíen comportamientos y sobre todo decisiones de cada integrante del equipo en los momentos mas difíciles.

Mala calidad de las conversaciones y gestión de crisis y conflictos

Los integrantes del equipo convivieron durante un buen tiempo en la Casona de Toledo, lograron ciertos niveles de empatía a pesar de lo pesado de sus prontuarios y llegaron al momento de la acción unidos y motivados. Pero como en muchos equipos de organizaciones de hoy, sometidos a la tensión de las ejecuciones, comenzaron a mostrar graves limitaciones en la calidad de las conversaciones que son capaces de tener, donde los juicios sobre las personas priman sobre los desempeños, la escucha es deficiente, los egos dominan y los conflictos se potencian dejando siempre ganadores y perdedores. Son múltiples los diálogos en la serie donde se percibe que no logran entablar y sostener conversación, emergiendo pulsiones que lesionan al equipo.

Habría mucho más para analizar al detenernos en la saga. Y por supuesto aspectos positivos que podríamos destacar en el Management del team delictivo. Pero, a mi criterio, los cinco aspectos reseñados adquieren relevancia crucial en uno de los desafíos más intensos de nuestro tiempo: conformar y gestionar equipos que puedan lograr resultados múltiples y sostenibles.

Las personas, especialmente aquellas con mayores skills y valores mas sólidos, eligen a qué proyectos y organizaciones conectarse. Y es por ello que un buen mánager, cualquiera sea su posición en el equipo, debe desaprender algunas prácticas que funcionaron muy bien en otros contextos y que hoy ya no lo hacen o bien entregan resultados decrecientes. Y aunque el Profesor y varios de los personajes del atraco nos generen alguna simpatía y hayan logrado éxito en el golpe, difícilmente esto podría sostenerse o repetirse fuera de las mieles de la ficción.