Durante años hablar de la salud de las y los trabajadores estuvo ligado solamente a los riesgos físicos que surgen de las condiciones en las que desarrollan sus actividades laborales. Sin embargo, últimamente la salud mental cobró una importante notoriedad y comenzaron a debatirse medidas para generar buenas prácticas en ese sentido.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que “las y los trabajadores constituyen la mitad de la población del mundo y son los máximos contribuyentes al desarrollo económico y social”. “¿Qué ocurre si este sector de la población no cuenta con cierto bienestar emocional?”, se pregunta el Dr. Leonardo Medrano, Secretario de Investigación y Transferencia Científica de Siglo 21, y responde: “Esto afecta la forma en que afronta su estrés cotidiano, dificulta que se pueda trabajar de forma productiva, que pueda desarrollar su talento y en definitiva dificulta que los trabajadores contribuyamos de manera significativa a la comunidad”.

Dada la importancia de la salud mental de los trabajadores, desde Universidad Siglo 21 se definió esta temática como una línea estratégica de investigación orientada a generar organizaciones saludables en nuestro país. En este marco el bienestar emocional y la gestión del estrés se constituyen como pilares fundamentales para el desarrollo de las comunidades.

Como disparadores se plantearon cuatro interrogantes a fin de conocer la realidad local: ¿Cuáles son los niveles de estrés en los trabajadores argentinos?, ¿cuál es el impacto que tiene el estrés?, ¿cuáles son los factores protectores del estrés en nuestro contexto? y ¿cuáles son los factores que promueven el bienestar emocional?

¡Tengo la cabeza quemada!

Cuántas veces escuchamos o dijimos esa frase en el marco del ámbito laboral. Pero, ¿qué pasa en el organismo cuando las personas se estresan?

En relación a esto Medrano responde: “en nuestro cuerpo se activa el eje HPA. Las siglas hacen referencia a tres estructuras que están involucradas en lo que es la respuesta del estrés. Cuando nuestro cerebro percibe una amenaza el hipotálamo (de allí la sigla ‘H’) envía una señal a una glándula pituitaria (‘P’) y esta glándula envía una señal a las glándulas adrenales para que generen cortisol, el cual entra en el torrente sanguíneo y se distribuye por todo el cuerpo. La principal función que tiene el cortisol es darnos como un extra de energía para que nosotros podamos afrontar esa situación estresante y que de alguna manera nos está superando”.

Por extraño que pueda sonar “es perfectamente saludable e indispensable para nuestro funcionamiento cotidiano que tengamos ciertos niveles de estrés”, según destaca el experto. Sin embargo, cuando esos niveles normales empiezan a volverse crónicos repercuten en nuestro organismo y comportamiento.

Se identificaron cuatro fases relacionadas con los niveles de estrés por los que atraviesan las personas. Las primeras dos etapas son normales y saludables, pero a medida que el cuerpo experimenta estados crónicos de estrés, aparece un cuadro con graves consecuencias: el burnout.

La primera fase con la que nos encontramos recibe el nombre de engagement. Las personas se sienten muy comprometidas y orgullosas del trabajo que realizan y lo hacen con mucha energía. A medida que se incrementan las demandas laborales, se ingresa a una segunda fase caracterizada por una mayor tensión. Las y los trabajadores continúan experimentando altos niveles de energía y comienzan a tener ciertas dificultades para relajarse. Disminuye la posibilidad de controlar los impulsos, aparecen algunos grados de irritabilidad, problemas de concentración y pérdida de memoria.

La cotidianidad indica que las personas en su día a día se ubican entre estas dos fases, considerándose un estado normal de las y los trabajadores. Sin embargo, existen diversos factores que pueden desestabilizar esta especie de tranquilidad y comodidad, haciendo que se incrementen los niveles de estrés y peor aún, produciendo su cronificación.

La tercera fase se conoce con el nombre de agotamiento. Toda esa energía que las personas sienten en los primeros tramos se transforma en una sensación de cansancio cotidiano y crónico. Se esfuman hasta las ganas de hacer actividades que en otras circunstancias se disfrutarían bastante. De este estado a la fase cuatro hay una mínima distancia, donde aparecen síntomas asociados a lo que se denomina cinismo. Hace referencia a que en esta etapa las personas comienzan a tener dificultades para disfrutar de sus labores, hay una pérdida de interés en las actividades que realizan a diario y comienzan a sentir que ya no tiene más propósito lo que hacen. (NdelR: Si se encuentra en esta fase, trate de no tomar decisiones apresuradas. Se lo digo por experiencia).

En estos últimos estadios, las personas se ven atravesadas por niveles de estrés muy altos, lo que multiplica las posibilidades de sufrir algún tipo de desorden emocional severo como una depresión o graves problemas de ansiedad. Si bien los valores altos de estrés están asociados a problemas cardiovasculares o de hipertensión, las investigaciones llevadas adelante desde Siglo 21 arrojaron algunas consecuencias que antes no se tenían en cuenta.

Nuevas problemáticas relacionadas al estrés

La Dra. Fátima González Palau, una de las investigadoras del proyecto, estudia el impacto que tienen los niveles crónicos de estrés en el cerebro. Cuando se segrega cortisol de manera excesiva o muy crónica, afecta, entre otras partes del cuerpo, al lóbulo prefrontal. De este modo, el organismo comienza a experimentar algunas deficiencias asociadas a las funciones de dicha región cerebral.

Según detalla Medrano, “se observa por ejemplo que las personas cuando están estresadas tienen más dificultades para controlar la tensión, tienen más problemas de memoria, empiezan a aparecer fallas en la concentración, tienen más dificultades para inhibir impulsos y conductas, por eso puede ser que estemos un poco más irritables”.

En otra línea de investigación, el Dr. Luis Pedro Morera indaga sobre los cambios epigenéticos asociados al estrés. “El cortisol es una hormona liposoluble, puede atravesar la membrana celular y entrar en contacto con el núcleo de la célula, generando algo que se llama metilación en el ADN. Esto produce cambios a nivel epigenético, es decir que puede alterar nuestro ADN, provocando muchas consecuencias en nuestro comportamiento y también en nuestra salud e incluso en la de nuestros hijos”, sintetiza Leonardo.

Por su parte, el Dr. Ignacio Gadea, investiga el estrés oxidativo. Se trata de unas marcas biológicas que se generan en la célula cuando las personas atraviesan fuertes estados de estrés y que permiten medir esos niveles. Además su estudio es muy importante ya que el estrés oxidativo está asociado a muchas enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer.

¿Cuán estresados estamos las y los argentinos?

Existe un gran prejuicio sobre la irritabilidad de las y los trabajadores de esta región del mundo que se mide en la calle y que en la teoría cotidiana se la relaciona con el estrés. Pero, ¿realmente es así? ¿de qué forma se pueden medir estos niveles?

Desde el año 2018 Universidad Siglo 21, a través del Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales, viene desarrollando el “Índice de Bienestar Emocional y Estrés en los Trabajadores Argentinos”. Este año la crisis del coronavirus se suma como un nuevo factor en la medición que evidencia cambios notorios en los niveles de estrés.

“En solamente seis meses se incrementaron de forma significativa los niveles de agotamiento y cinismo en los y las trabajadoras argentinas”, alerta Medrano.

Entre los resultados que arroja el índice, se observa un crecimiento significativo en los diferentes síntomas asociados a las fases 3 y 4 del estrés crónico. Uno de los factores que más se destaca en el marco de la pandemia, es la variable conflicto familia-trabajo. Es decir que “una gran proporción de los argentinos tiene dificultad para poder de alguna manera evitar la fricción entre la vida laboral y la vida familiar”, agrega. Otro de los factores que influye en los niveles de estrés es la dificultad para desconectarse del trabajo, producto de la modalidad de realizar las actividades laborales desde la casa.

Trabajar para gestionar el estrés

Leonardo sostiene con mucha efusividad que las organizaciones deberían cumplir un rol sumamente activo a la hora de ayudar a las y los trabajadores a gestionar el estrés a través de diferentes iniciativas. Asimismo plantea como pregunta abierta a futuro que es necesario comenzar a definir: “¿es posible crecer en este escenario tan inédito?”.

Para ese interrogante su respuesta es el “optimismo condicional”. Los escenarios de crisis tienen una especie de trabajo inmersivo que llama a la reflexión y que se implementa como fuente de cambio. Resulta necesario contar con datos científicos y experiencias de otras personas no sólo para resolver los problemas que se presentan sino también para apuntar a un crecimiento. Ciertos niveles de estrés son saludables por lo que la tarea consiste en ayudar a las y los trabajadores a poder gestionarlo y que no se vuelva crónico.