Por Mgter. Gabriela Bertoldo. Docente de la Escuela de Negocios y Posgrado de la Universidad Siglo 21.

En la actualidad mucho se habla de las nuevas formas de liderazgo, generalmente asociadas con las últimas tendencias de la gestión de personas, con el trabajo colaborativo y también con la incorporación de nuevas tecnologías en los equipos de trabajo.

Generalmente se considera que un buen líder es quien acompaña a su equipo y los motiva para lograr los mejores resultados posibles en pos de cumplir con los objetivos planteados por la organización. Se espera que un buen líder no solamente sepa conducir sino que también ayude a los integrantes de su equipo a crecer y desarrollarse.

Sin embargo, hay otras características del líder que tienen que ver con la gente que lidera y de la cual poco se dice. Generalmente no se tiene en cuenta que esas personas que trabajan con el líder son necesariamente una “herramienta” imprescindible para el desarrollo del liderazgo. Utilizada la palabra herramienta en el mejor de los sentidos.

Si bien es obvio que no se puede ser líder sin personas a quienes liderar, también es importante tener en cuenta que cuando se califica a alguien como un buen líder  -además de sus cualidades y competencias que lo pusieron en dicho lugar-, seguramente en el proceso se fue nutriendo de las personas a quienes lideraba.

En mi experiencia como Gerente de Recursos Humanos, me tocó acompañar diferentes equipos de trabajo y a lo largo del tiempo me di cuenta que cada una de las personas que conformaron esos equipos, me dejó experiencias que brindaron aportes muy valiosos para mi formación del saber hacer y sobre todo del “saber ser”.

Cada experiencia me dejó un aprendizaje. Aprendizaje de lo que debía replicar, pero especialmente de lo que podría haber hecho mejor. Hubo situaciones difíciles en las que recibí el apoyo incondicional de algunas personas del equipo y sin el cual seguramente no hubiera podido obtener los resultados esperados. También me tocó transitar momentos de soledad o sorprenderme con actitudes negativas que no esperaba encontrar. Esos momentos difíciles fortalecieron mi carácter, me aportaron una mirada distinta y me enseñaron mucho más que los éxitos. Lo importante es en todos los casos contar con la flexibilidad necesaria para poder adaptarse a los cambios y tener la apertura para seguir aprendiendo. Pero sobre todo, nunca perder la perspectiva.

En los entornos cambiantes que se transitan actualmente, en los que las organizaciones se modifican y evolucionan en forma permanente, el buen líder debe estar más que nunca en contacto con esos cambios para acompañar la evolución de la organización y de su gente.

Y si bien para todo líder es necesario contar con una visión global, no puede dejar de mirar lo interno, de ser plenamente consciente del aquí y del ahora. Esta consciencia es la que le permitirá estar inmerso en la dinámica de trabajo junto con su equipo y formar parte del mismo entendiendo qué los motiva, interpretando qué cambios se van gestando y cuáles son sus preocupaciones y necesidades. Necesidades tanto laborales como personales.

Esta tarea no es fácil, sobre todo cuando se deben cohesionar diferentes estilos y distintas generaciones del mundo del trabajo, o cuando inclusive es necesario liderar un equipo donde sus integrantes se encuentran en diferentes espacios físicos separados por la distancia geográfica, o cuando los cambios son muy vertiginosos y requieren de respuestas inmediatas. Y aquí es donde las cualidades a las que me refería –centradas en la gente- juegan un papel fundamental en la tarea del líder.

La primera es la capacidad de escucha, para lograr esa interpretación y acompañamiento del que vengo hablando, pero también y no menos importante para poder ver lo que su gente puede aportar. Esta capacidad de escucha debería ir acompañada de la humildad necesaria para entender y aceptar que seguramente hay mucho para aprender y aprehender del equipo de trabajo que lidera. Esa capacidad de escucha muchas veces es la que marca la diferencia e implica necesariamente dejar de lado los egos personales, que generalmente todos tenemos en mayor o menor medida. Si no sabemos observar y escuchar será muy difícil que podamos aprender, y esa capacidad de aprendizaje continuo, es en definitiva lo que nos exigen los cambios y el transitar por la vida misma. 

Los niños entrenan a sus padre, los empleados a sus jefes. Amit Kalantri.

Otra característica importante es que el líder sea uno más del equipo y dé su ejemplo trabajando a la par de sus integrantes. El líder no puede darse el lujo de despegarse de las personas ni perder contacto con el día a día, porque en las personas es donde encontrará la materia prima necesaria para afrontar los desafíos, para crear e innovar, para encontrar respuestas a muchos de sus interrogantes, para pensar soluciones a los problemas y lograr cumplir los objetivos, que en definitiva son la meta de toda organización.

En estas competencias que creo imprescindibles en una función de liderazgo, es donde se destaca el saber ser, porque el hecho de ocupar esa posición le da una responsabilidad adicional a quien lidera un equipo de trabajo. Este saber ser que debe priorizar el bien como condición para la convivencia y que debe llevar al líder a ser el primero en respetar las normas creadas para el funcionamiento del equipo de trabajo. Un saber ser con humildad, que permita aceptar los errores propios y trabajar para enmendarlos dentro de la ética y el compromiso. Un saber ser en que valorice los éxitos del equipo y comparta los fracasos. Un saber ser con apertura, que sea capaz de comprender la diversidad y manejarla con el debido respeto, y que sea capaz de lograr que su gente desarrolle la mejor versión de sí mismos.

Alguna vez escuché que querer hacer crecer una empresa sin hacer crecer a sus empleados es como querer construir un edificio resistente sin ladrillos.

Y ésa es una responsabilidad dentro del ejercicio del liderazgo, ejercitar un saber ser que sea consistente con la idea de ser humano y que dé  paso al interés por los demás, ayudando y permitiendo que las personas de su equipo crezcan y puedan también asumir roles de liderazgo. Ya que al decir de Tom Peters: “Los líderes no crean seguidores, crean más líderes”.