Por Cr. Alfredo González Torres. Docente de las materias Práctica Profesional, Seminario Final Trabajo Final de Grado de la Universidad Siglo 21.

Mas del 80 % de las empresas de Argentina son familiares y de los más variados tamaños, de gran talla como: Techint (Familia Roca), Aceitera General Deheza (Familia Urquía), Arcor (Familia Pagani) o Molinos Rio de la Plata (Familia Pérez Companc), por nombrar algunas; hasta pequeñas Pymes donde trabajan sus dueños: padre, madre, los hijos y un puñado de empleados.
Nacen del sueño de un joven emprendedor que con mucha pasión y tesón las hace crecer, y con el paso de los años este hacedor incorpora a su familia (pareja e hijos), para asegurar la continuidad de la organización luego de su declinación.
Basta con decir que las Pymes (familiares en su totalidad) generan mas del 70% del empleo privado en nuestro país, para percibir la importancia que tienen en conjunto y la trascendencia que cobra el que logren permanecer a lo largo de las generaciones familiares.
A estos exitosos emprendedores, los caracteriza una gran intuición o visión del negocio que gestan y la gran pasión y energía que ponen en su conducción. Pero es precisamente esta intuición o visión la que conspirará en el futuro, para que la Pyme no se profesionalice simultáneamente con su crecimiento.
El negocio funciona de maravillas mientras el emprendedor pueda intervenir personalmente en las decisiones cotidianas de la organización. Luego, cuando da espacio a su familia suelen aparecer tensiones, por no dar el “espacio necesario” para la toma de decisiones a sus familiares, o porque estos familiares no cuentan con las capacidades necesarias para tomarlas. Los mismos choques generacionales que se dan en el seno familiar, también se manifiestan cotidianamente en la organización y la tendencia natural del líder es imponer su posición achicando la delegación de funciones concedida.
Los problemas se agudizan, paradójicamente, cuando el éxito provoca un gran crecimiento en el volumen de negocios y ni el emprendedor ni su familia, pueden tener una intervención personal en la toma de decisiones cotidianas. Pierden control sobre el negocio y se refugian en viejos paradigmas: “Si hasta acá fui exitoso necesito mayor volumen de lo mismo para seguirlo siendo”.
El difuso límite entre las relaciones familiares y el ejercicio de las funciones organizacionales por parte de los miembros de la familia entremezcla cotidianamente sentimientos y responsabilidades, provocando una fuerte organización informal paralela que impide el desarrollo armónico de la empresa. Los miembros de la familia suelen ocupar cargos por su apellido y no por tener capacidades óptimas para ejercerlos.
Si el líder emprendedor tiene la suficiente visión para formar un management con capacidades de sustentar el crecimiento, simultáneamente también suele someter a este equipo a tensiones y frustraciones, producto de las actividades desarrolladas por parte de los miembros de la familia. Estos suelen ser vistos como “paracaidistas” que alteran el ejercer cargos por méritos personales. Considerando que hace más de 30 años las empresas exitosas en sus cuadros dejaron de tener jefes y pasaron a tener líderes, tomamos la real dimensión de lo pernicioso que puede ser el incorporar la familia en cargos gerenciales sin la capacidad técnica necesaria para ejercerlos.
En atención a la importancia económica que poseen las empresas familiares en su conjunto para la economía del país, es de suma importancia que estas puedan sobrevivir las tensiones a las que son sometidas en su proceso de crecimiento, profesionalización y sucesión de su creador. Lo lograran si cuentan con un management profesional, donde si hay miembros de la familia estos lo integren por mérito propio, totalmente empoderados por su creador, con procesos formales de planeamiento estratégico, con una buena medición del desempeño a través del desarrollo de tableros de comando. Estas herramientas básicas para una buena gestión del crecimiento de la empresa, tendrán que estar acompañadas por un programa o protocolo donde su creador se compromete con el paso de los años a dar paso a las nuevas generaciones, y éstas a su vez se comprometen a desarrollar sus capacidades personales para poder ejercer profesionalmente las funciones que asumen.