El Magíster en psicología y docente de Universidad Siglo 21 Álvaro Ortiz repasó algunos de los desafíos en torno al aprendizaje en estos tiempos de transformación junto a estudiantes que cursan el MBA virtual.

De que el mundo está cambiando, ya no hay dudas. Todo lo que conocíamos hasta ahora de él, se ha modificado a gran velocidad y sobre todo, de mano de la tecnología. Entonces, si ya no es lo que era, qué nos deparará para el futuro y qué lugar ocuparemos los seres humanos en este lugar, son las grandes preguntas de este tiempo.

Para el Mgter. Álvaro Ortiz estamos situados en un nuevo contexto histórico, frente al cual no sólo hace falta aceptar que el mundo está en crisis, sino que la noción de hombre necesita ser repensada, porque tampoco estaríamos ante el mismo ser humano de hace algunas décadas atrás. Asumir este cambio implica reconocer que tampoco las empresas son las mismas. Por un lado, porque los avances tecnológicos las afectaron en su funcionamiento, y por otro, porque son las personas las que hacen a las organizaciones. En ese sentido, el profesor de posgrado explicó que los teóricos en el tema ya no hablan de empresas modernas, más bien hablan de un nuevo tipo para la cual utilizan el concepto de organizaciones exponenciales, dado los cambios vertiginosos que atraviesan.

En esta nueva coyuntura, es notable cómo las personas cambian de empleo cada cuatro años promedio. “Hoy cuando alguien llega un trabajo con muchos movimientos de empresas, lo interpretamos como experiencia, motivación, ambición, incluso como herramientas para la adaptación y de flexibilidad. Ya no se toma como falta de constancia, a diferencia del pasado que sí se necesitaba que el empleado se quedara todo el tiempo posible en nuestro negocio”, sostiene Ortíz. Además, este espíritu de movilidad lo observa también en las carreras u orientaciones profesionales, ya que se cambia tres o cuatro veces durante la vida. “Empieza a existir la necesidad de nutrirse en otras áreas que no son las mismas de origen. Sabemos que no nos quedamos en una disciplina como hace 30 años”, explica.

Por estos motivos, las empresas tienen por delante el desafío de encontrar el modo de retener el mejor capital humano, es decir el mejor talento, y hacer al mismo tiempo que el colaborador elija ese lugar de trabajo para permanecer.

“¿Cómo hacemos para promover que dentro de la organización, el trabajador genere la experiencia del cambio que está buscando?”, interpela a su audiencia virtual.

Sin embargo, asegura que la educación formal en sus diferentes niveles está quedando atrasada e insuficiente para este nuevo mundo, no pudiendo formar personal que se inserte y perdure en el mundo laboral. “La educación va más lenta que los cambios y cada vez se requiere más de procesos de aprendizaje durante toda las etapas de la vida. Las nuevas universidades tienen que poder adaptarse a este contexto para poder afrontar los mayores problemas del mundo. Los espacios de formación como el MBA sirven para esto”.

Ante este panorama, lo importante para las empresas, y en especial para las personas que hacen a las organizaciones, es preguntarse si sus acciones están cambiando el mundo. Para Ortíz el 99,99% respondería que no. Por eso, aunque la premisa suene utópica, se hace indispensable que a lo largo de la vida y en el espacio mediato, se comiencen a tomar herramientas para transformarlo.