*Autora: Fátima González Palau – Secretaría de Investigación, UES 21. 

Imaginemos un instante en que nuestra mente esté focalizada en el momento presente. Es un instante de tranquilidad, donde no estamos invadidos por ansiedades sobre el futuro ni tampoco por ideas sobre lo que tenemos que hacer o recuerdos de algo que ha sucedido. Es un instante donde el ocio no implica distraernos utilizando el teléfono o las redes sociales, ni haciendo zapping, ni corriendo de acá para allá cumpliendo con obligaciones. Es un instante donde prevalece la paz, el sosiego, la calma, la tranquilidad, donde no nos interrumpirnos a nosotros mismos. Es un instante donde permanecemos, aunque sólo fuera por minutos, centrados en la simple sensación de estar vivos. ¿Qué es lo que, en tal caso, ocurriría? ¿Tenemos las herramientas para lograr estos instantes? ¿Podemos estar presentes voluntariamente dondequiera que estemos? ¿Podemos permanecer atentos y conscientes de lo que sucede? ¿Podemos hacerlo ahora mismo?

El mindfulness es una capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento. Si bien el término “mindfulness” ha emergido recientemente con fuerza en el ámbito anglosajón, se trata de un concepto que remite a un estado mental promovido por las técnicas milenarias orientales.

Es una forma de atención que no juzga, centrada en el presente, en la que cada pensamiento, sentimiento o sensación que aparece en el campo atencional es reconocida y aceptada tal como es, sin evaluarla y sin reaccionar a ella.

La creciente evidencia científica de las últimas décadas ha impulsado el uso de la técnica de atención plena, que ha sido introducida en numerosos programas de mejora de la salud, en ámbitos psicológicos y médicos así como también laborales, educaciones y comunitarios. Los hallazgos científicos muestran que el mindfulness se asocia, entre otros resultados, al incremento de la calidad de vida, la reducción del estrés, la ansiedad y la depresión de las personas. Asimismo, los estudios de neuroimagen han demostrado la influencia del mindfulness en la actividad funcional y en la estructura cerebral, con modificaciones positivas en las mismas. 

Estas modificaciones psicológicas y cerebrales permiten a los practicantes ver la íntima relación entre el cuerpo y la mente, y reconocer cómo ciertos patrones de pensamiento y de comportamiento tienden a agravar el estrés, el dolor y las enfermedades, limitando nuestras capacidades en diferentes ámbitos, entre ellos el laboral. 

Volviendo a nuestra búsqueda inicial de instantes presentes, como hemos mencionado, el mindfulness es un estado mental.

Con la repetición, a través del entrenamiento, de un estado mental como el mindfulness, estamos incrementando la probabilidad de que estados parecidos se produzcan con una frecuencia cada vez mayor.

Es decir, lo que al principio es un estado de la mente aislado temporalmente, un instante de paz, de tranquilidad y de atención plena al momento presente, podría convertirse en un rasgo duradero del sujeto, que requiere apenas esfuerzo, y es allí donde la estructura cerebral cambia. Estos cambios se dan específicamente en áreas cerebrales que son sensibles a los efectos del estrés, mejorando el bienestar y, como consecuencia, la calidad de vida de las personas.