La vicerrectora de la Universidad Siglo 21, Mgter. Laura Rosso, habló de los desafíos en materia educativa y destacó que entender el cómo y el por qué nos educamos, son las claves del Modelo Academia 21.

“No hay aprendizaje posible si no te comprometés a generar lo que se llama una experiencia estética del aprendizaje donde todo el ser del alumno se involucre, no solo su intelecto”, advierte la Vicerrectora de Siglo 21, Mgter. Laura Rosso, quien se formó como Licenciada en Administración y egresó en una de las primeras cohortes de esta casa de altos estudios.

Universidad Siglo 21 consolida junto a más de 60.000 estudiantes un modelo educativo que asegura excelencia, calidad e innovación al centrar el proceso de aprendizaje en el alumno. En este artículo, la Vicerrectora de la universidad analiza desafíos y tendencias educativas, reflexiona sobre las nuevas dinámicas del proceso de aprendizaje actual, y comparte algunas de las claves del Modelo Academia 21.

¿Cuáles son las nuevas tendencias en materia educativa?

El desafío más grande que los sistemas educativos tenemos por delante es seguir haciendo lo necesario y lo suficiente para romper el paradigma de la educación contenidista, sobre todo, a nivel universitario. Particularmente que la educación en las últimas décadas se centró en transferir contenidos, en evaluar cuánto de ese contenido el alumno es capaz de recordar sin poner tanto eje en para qué sirve y en cómo se transfiere o se traslada ese saber.

Hoy no es tan importante el qué, porque el conocimiento cambia muy rápido y tiene una curva de obsolescencia hiper corta, sino el comprender la importancia del para qué desarrollar determinadas competencias.

Por ejemplo, desarrollar la conciencia colectiva, el saber convivir, el saber ser, el tener habilidades propias para poder analizar e identificar información crítica, porque hoy información es lo que sobra, pero poder decidir, hacer con otros, liderar procesos, ser agentes de cambio, son competencias que son necesarias y que no están ligadas a un contenido disciplinar particular.

“El desafío en educación es cuestionar todo el tiempo el ‘¿para qué enseño lo que enseño?’ porque es algo que el alumno hoy se cuestiona mucho: ¿Para que aprender esto? ¿Para qué me sirve? ¿Por qué invertir mi tiempo acá? ¿Qué valor agregado me da esto?”, expresa Rosso, quien además es magister en Educación por la Universidad de Monterrey.

“El otro eje importante es el cómo, esa transferencia de la que se hablaba antes, que tiene a un docente explicando o dando una cátedra y a un alumno absorbiendo información: ¿cómo lograr que el alumno construya sus saberes? ¿cómo facilitar este camino o andamiajes que eleven la calidad, que lleven a competencias básicas como el razonamiento lógico matemático o las habilidades vinculadas a la lecto escritura, a la comprensión de textos, al pensamiento abstracto?”, postuló.

En este sentido, ¿cuál es la importancia de atender a la innovación educativa?

Innovación abarca muchas aspectos, pero nosotros tenemos una mirada que está ligada a revisar de manera constante nuevas tecnologías, y no solamente hablo de software o hardware, que evidentemente permiten que la educación de calidad escalen a grandes volúmenes de personas.

Cuando digo tecnología educativa no solo me refiero al recurso sino que hablo de la tecnología didáctica, de aprender nuevos métodos para que la transferencia del conocimiento sea realmente una construcción, para que el alumno sea actor principal, para que genere aprendizajes significativos y que deje huellas y genere competencias más allá del contenido.

Decir que formamos en competencias no es una innovación en sí misma, porque este modelo existe hace muchísimos años. De hecho yo me formé en eso cuando probablemente no se llamaba de esa manera, pero las competencias que requiere un graduado universitario cambian y se modifican, entonces hoy se busca más la formación en competencias que son genéricas, porque son las que te permiten la adaptabilidad a los desafíos del futuro y a la luz de los cambios de contexto.

La Universidad propone un paradigma interesante: “cambia tu forma de aprender, cambiamos nuestra forma de enseñar” ¿Podés contarnos un poco acerca de esto? 

Todos los indicadores de resultados del sistema educativo dejan mucho que desear. No tenemos en nuestro país la cantidad de universitarios que podríamos tener, no tenemos la cantidad de graduados que deberíamos tener, en función de la cantidad de personas que estudian.

En cambio, tenemos mucha gente que queda en el camino, que se frustra, que cree que estudiar no es para ellos porque el sistema los expulsa, porque durante mucho tiempo se asoció que estudiar y formarte como universitario era más o menos equivalente a sufrir, y la verdad que nosotros no creemos que eso enseña competencias positivas, sino lo contrario, posiblemente desarrolle frustración, habilidades para cortar caminos, pero no genera aprendizaje positivo donde vos puedas asumir la responsabilidad de que con tu formación podés transformar tu contexto y tenés la responsabilidad de hacerlo.

Entonces, si los resultados que estás obteniendo no son los que querés, te tenés que preguntar qué estás haciendo, como en cualquier orden de la vida, solo que a los educadores se ve que nos cuesta más y asumimos que lo que estamos haciendo está bien y que el resultado es negativo porque el otro tiene una dificultad.

Ése es el paradigma que está cambiando y que las instituciones hoy, en mayor o menor medida, tienden a abandonar el lugar de que el alumno tiene problemas y por eso no aprende, sino que se plantean “¿qué estoy haciendo yo y cuál es mi responsabilidad como educador para que ese aprendizaje se dé?”

Además, la vicerrectora Laura Rosso, destacó que “es necesario formar profesionales responsables, que miren el mundo con ansias de hacerlo mejor, con consciencia y con ética y eso requiere ese cambio de paradigma”.

Nosotros estamos convencidos de que aprender requiere de un contexto que te gratifique, que te implique esfuerzo pero que sea con gusto y que te permita entender que lo que hacés no es solo para vos, sino que tiene que trascenderte.

¿Cuál es el perfil del estudiante Siglo 21?

Es de lo más diverso y ése es el desafío y otra característica de nuestro Modelo Academia 21: vos no tenés un perfil homogéneo, tenés la diversidad de todo un país que es bien diverso. No es lo mismo un alumno de Capital Federal, uno de Abra Pampa, uno del sur, uno de Córdoba, del interior de la Capital, es bien diversa su experiencia, lo cual para uno abre posibilidades y para otros es más complejo. Nosotros tenemos la diversidad en todo el país y en todas las edades: no es lo mismo un joven de 18 años que un adulto de 50, que tiene una experiencia de vida, un trayecto profesional, es bien diferente, entonces esa es la complejidad del modelo.

¿Cómo la resolvemos? En centrarnos en desarrollar lo necesario para que sea un proceso lo más personalizado posible, escalable, que llegue a muchos pero que el alumno tenga espacio de acción y elección para construir su proceso, guiado por un experto, obviamente, para aprender necesitás de aquél que puede guiarte y mostrarte caminos, pero ésa es la clave.

¿Es real la desmotivación de los jóvenes a la hora de aprender o se trata de encarar el proceso educativo de otra manera más acorde a sus intereses?

Puede ser que el clima que ofrecen para aprender sea lento en comparación del ritmo de vida actual. El aula tradicional se vuelve lenta, aburre, no motiva, no despierta la curiosidad y para aprender no hay otra forma que conectar con la emoción del alumno y su curiosidad.

No hay aprendizaje posible si no te comprometés a generar lo que se llama una experiencia estética del aprendizaje donde todo el ser del alumno se involucre, no solo su intelecto. Ese es el cambio respecto del modelo tradicional, entender que si solo tenés como objetivo estimular su intelecto, el aprendizaje no es significativo, y hoy los alumnos lo ponen muy en evidencia.

El aula flexible, aula adaptativa significa poder personalizar al máximo posible el proceso para cada alumno. Cada persona aprende a un ritmo diferente, la experiencia que trae es absolutamente significativa para construir nuevos aprendizajes, solo que el sistema educativo, y por una cuestión histórica, asume el modelo industrial de la fábrica, entonces, se educa por lotes: si tenés 6 años se supone que tenés que aprender a leer y a escribir, si tenés 8, debés saber multiplicar, entonces así está pensada la escuela y la universidad. Pareciera que la edad determina tus posibilidades de aprendizaje, por supuesto que la edad y el desarrollo madurativo tienen que ver, pero no lo es todo.

No es algo estático, además que el aprendizaje es más bien circular, va y viene y lleva un ciclo, tiene avances, vueltas, retrocesos, vueltas a avanzar, entonces personalizar significa eso: entender cuál es el proceso del alumno, qué ofrecerle, desde qué perspectiva hacerlo, trabajarlo con él y desafiar su curiosidad.

¿Cómo ves la evolución de Siglo 21? ¿Qué aspectos se mantienen desde aquella semilla inicial?

La universidad siempre tuvo esta visión emprendedora, con mirada internacional”, afirmó la vicerrectora. “La forma de ver la realidad, de diagnosticar las problemáticas y ese desafío de buscar cómo resolverlas con un enfoque multidisciplinario es algo que también sostiene la Universidad Siglo 21 desde el inicio. Nosotros en el modelo inicial, cursábamos muchas asignaturas con alumnos de distintas carreras, entonces debatíamos sobre un tema y tenías la mirada del administrador, del contador, del que estudiaba publicidad, del abogado y eso creo que realmente genera competencias diferentes, porque cuando vos egresás, trabajás para resolver con otros y para otros.

Siglo 21 se ha desarrollado y ha crecido, y todo el modelo se ha profundizado, esto de seguir haciendo mucho hincapié en formar en competencias. Antes no se hablaba de que la formación era en competencias pero genuinamente lo era. El modelo respondía a desarrollar habilidades en el hacer, en el saber y también mucha ocupación en formar íntegramente a la persona en valores, en la consciencia del otro, en el impacto de lo tuyo con el otro y viceversa. Después vino todo lo que tiene que ver con innovación, la tecnología, hoy está en Experimenta 21, tenemos el SAM (Sistema de Aprendizaje multimedial) simuladores, realidad virtual, que atraviesa el modelo desde ese primer momento.

Personalizar significa eso: entender cuál es el proceso del alumno, qué ofrecerle, desde qué perspectiva hacerlo, trabajarlo con él y desafiar su curiosidad.

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