Estudió Diseño de Indumentaria y Textil y se orientó a la indumentaria inclusiva, adaptada a personas que tienen algún tipo de discapacidad. 

El diseño inclusivo busca incluir a aquellas personas que están marginadas en algún sentido en la sociedad y les brindan herramientas y oportunidades para que se puedan desempeñar a nivel personal,  laboral y profesional.

“Siempre me gustó lo que tenía que ver con lo manual, los materiales y como entre ellos pueden convivir y generar cosas interesantes. A partir de ahí me incliné por esta carrera”, cuenta Natsue Kiyama.

Luego el diseño inclusivo llegó a su vida a raíz de “cuestionar” algunos aspectos del sistema del diseño y del sistema en general. “A través de este cuestionamiento empecé a buscar respuestas y a ver cómo podía aportar a aquello que no se estaba haciendo. Entonces puse manos a la obra”, añade.

La joven diseñadora explica que en la carrera Diseño de Indumentaria y Textil “muchas veces queda a un costado lo vinculado a los social, la sustentabilidad y la inclusión”. A lo que agrega: “muchas veces nos quedamos solo con lo estético”. Entonces su meta fue incursionar en lo funcional y ergonómico. “Noté una necesidad y le busqué solución”, afirma.

¿Qué puede aportar la moda y el diseño a la inclusión?

La moda puede ser pasajera, en cambio el diseño es más permanente. Cuando hablo de diseño no me refiero solo al de indumentaria sino también al diseño gráfico, industrial, inclusive el diseño de las ciudades podría acompañar a las personas que tienen algún tipo de discapacidad para que se sientan incluidas.

Y en particular el diseño de indumentaria ¿cómo puede contribuir?

Puede alentar la inclusión en términos particulares, haciendo ciertas modificaciones en la morfología de la prenda, y a nivel comunicacional mostrando que existe una rama que responde a una necesidad existente. Seguramente hay muchas mentes frescas y jóvenes, hambrientas por incursionar por este camino a quienes la falta de difusión afecta su desempeño.

¿Cuáles son las primeras prendas que desarrollaste?

Inicié desarrollando prendas para personas con amputaciones en miembros inferiores y superiores. Ese fue mi proyecto de prueba en el sentido de comenzar a derrumbar barreras individuales y mentales, y animarme a ir más allá.

Este tipo de prendas ayuda a que la persona se sienta cómoda, aumente su autoestima, que pueda desarrollar actividades tan simples como ir al baño, vestirse, desvestirse. La indumentaria facilita que la persona, en general adulta, sea independiente, pueda moverse con facilidad y la ayuda a sentirse cómoda tanto a nivel emocional, personal y laboral, porque muestra que tener una discapacidad no implica que no puedan desarrollar una actividad.

¿En qué estás trabajando hoy?

Con discapacidad psicomotriz, particularmente parálisis cerebral, desarrollando indumentaria y productos lúdicos. A través de formas y distintos materiales estimulé los movimientos de  niños para que se conviertan de involuntarios a voluntarios.

¿Cómo reacciona la gente cuando ve una de tus prendas?

Al ser un producto personalizado recibo comentarios muy positivos. Me pasó con una adolescente que tenía una amputación en la pierna, que no encuentra o no puede usar ciertas prendas porque tienen limitaciones. En el caso de un joven con autismo, nunca se iba a comunicar conmigo de manera verbal pero eso también te amplifica los sentidos y podés empezar a detectar si está conforme o no a través de otras maneras. Sus movimientos, las miradas, los movimientos bruscos. En lo que llevo recorrido de este camino, las respuestas son positivas porque son cosas que la gente necesita y no están.

A nivel personal ¿qué rescatás de tu trabajo?

Para mí el diseño inclusivo y trabajar con personas con alguna discapacidad es inexplicable en palabras pero emocionalmente muy fuerte. Son prendas y productos muy personalizados, entonces paso de pensar en prendas de producción masiva a estar cara a cara con una persona que me está contando su día a día, sus problemas, sus alegrías. Siempre las relaciones generan mucho cariño y mucho amor. Para mí es lo que tengo que hacer de momento.

¿Qué aportó la universidad en tu carrera?

La universidad fue uno de los puntos claves para poder desarrollarme en la indumentaria adaptada. Siempre tuve el apoyo de los profesores para conocer más, experimentar, hablar con la gente y consultar a profesionales. Además, pude hacer una diplomatura que me abrió un caminito y me mostró otros costados, muchas veces invisibles, dentro del diseño de indumentaria. Entonces empecé a escarbar hasta terminar acá, haciendo indumentaria adaptada.

¿Qué es emprender?

Es tomar las riendas de tus ideas, darle tu impronta, hacer realidad aquello que tenemos en la cabeza de una manera original. En Córdoba y en Argentina es muy acotado el tema de diseño inclusivo, entonces dije “bueno si nadie lo está haciendo, lo tengo que hacer yo”.