Nicolás Cuño quería unir dos de sus pasiones, hacer ropa y estar en la naturaleza. Con su amigo Martín Lief se dieron cuenta que la mejor síntesis de ambas podía ser la fabricación de shorts de baño para hombres. Tenían 16 años y todavía estaban en el secundario, pero las ganas de hacer cosas era más fuerte que el timbre del recreo y se convirtieron en Key Biscayne, una marca nacional con lugar propio en el comercio exterior. “Empezamos a vender mayas en bolsitos con una alegría, del entusiasmo de salir a ver qué pasaba. Recorrimos todos los barrios de Buenos Aires y no vendíamos nada. Hasta que una mujer, que vendía ropa de chicos, María Luz se llamaba, fue nuestra primera clienta, no me olvido más, le gustó lo que hacíamos. Pero también a muchos otros les gustaba y sin embargo, igual nos echaban, hay muchos “no” en el camino, sobre todo al principio, hasta de nosotros mismos”, recordó el empresario en la charla que brindó en el marco de Inspira21, un encuentro organizado, a finales de octubre, por la Universidad Siglo 21 para el Intercambio de Ideas sobre Diseño, Creatividad y Emprendedurismo. Cuño participó en la conferencia “Emprendedor en Primera Persona”.

“Tenés que tener convicción en eso que sentís, tampoco hacer locuras, no es un capricho. Hay que ir estudiando y trabajando la idea”, aconsejó a los presentes en el auditorio.

“No pensábamos que íbamos a tener una marca y  que íbamos a firmar en el exterior. Era el sueño de esos dos chicos, de hacer algo nosotros. Generar el producto que nos gustaba. Hay que ser fuerte para atravesar ese momento, te fortalece frente a la adversidad”.

Cuño tiene 46 años y además de ser dueño de la firma de indumentaria masculina, es músico, instructor del ‘Arte de Vivir’ y asesor personal de personalidades como Guillermo Francella, Charly García y Adrián Suar. Todas sus facetas entran en juego a la hora de pensar su marca. Por ejemplo, para armar un local en uno de los shoppings más exclusivos de Buenos Aires, prefirió montar un living quitando espacio para los percheros de venta. “Ninguno de los dueños del shopping se quería hacer cargo, con Martín dijimos que nos hacíamos responsables y si no funcionaba, lo volvíamos a su lugar. El local fue un éxito. Ahora son los primeros en llamarnos para ver qué local queremos. Si vos estás seguro, va a funcionar”, contó. Para él, lo espiritual es una parte fundamental tanto de la vida como en el negocio y por eso, integra su filosofía a los vendedores de los locales para que “al cliente que lo asesorás y no le vendés, va a volver toda la vida. Hay que cuidarlo y darle calidad”.

La mayoría de los asistentes a la charla eran estudiantes de carreras afines a la temática, y para ellos en particular aclaró: “Además de estudiar, hay que salir a la cancha”. Su camino fue primero la práctica, luego entendió que la capacitación constante es clave no sólo para mantener un emprendimiento, sino para la vida misma. “Hoy sin lo académico no sos nada, si dejás de nutrirte, te falta una pata fundamental. Por supuesto, que la parte comercial e intuitiva también es importante, la visión de marca, saber dónde vas pero, por ejemplo, coaching y marketing son conocimientos indispensables en la actualidad”, remarcó. Satisfacer la necesidad de una mejora continua es uno de los caminos para llegar a ser líder de mercado, según su propia experiencia.

En ese sentido, para Cuño todo emprendedor tiene que trabajar sobre sus puntos flojos, “allí está el crecimiento, el don hay que potenciarlo pero ya lo tenés. La fortaleza estará en tus debilidades”. Además, atribuyó la constancia como otra característica determinante, “hay que ser un incansable hacedor de cosas nuevas y buenas”. Sin embargo, subrayó que ningún emprendimiento tendrá un éxito total, si quien lo encara no tiene en su meta, ser una buena persona.