Por Mgter. Pablo Rivarola, Decano de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Siglo 21.

En un contexto sociocultural como el argentino, donde muchas personas acuden a las terapias alternativas para sanar todo tipo de angustias y dolores, pensar en una medicina tradicional con profesionales humanistas e integrales se vuelve un desafío para las ciencias de la salud que se dictan en las universidades del país.
Pensar hoy en una salud de carácter holístico, diferente a la que plantea la medicina tradicional se convierte en un desafío para esta ciencia, ya que implica poner al paciente en el centro de la escena, conociendo no sólo su estado físico de salud, sino “reconocerlo”. Saber quién es, cómo se siente, de dónde viene, cómo vive, cuáles son sus hábitos y cuál es su historia. La concepción hacia la que nos dirigimos en relación a la salud es la de un ser integral que requiere respuestas integrales.
La medicina tradicional naturalmente puede abarcar este tipo de prácticas, pero en la realidad no siempre se llevan adelante y muchas personas “entran y salen” de los centros de salud con recetas de medicamentos o dietas fotocopiadas sin siquiera ser consultados sobre su edad o sus hábitos de consumo. Realmente quienes asisten a un Centro de salud tienen la vivencia de haber sido escuchados y comprendidos en su malestar? Cuánto conoce el otro del dolor del paciente? Y mas aún: al indagar en los diferentes espacios virtuales de pacientes “e-pacientes” podremos leer en sus foros las malas experiencias que han tenido ante la búsqueda de respuestas.

Es por tanto indispensable generar un cambio en la atención e intervención en el ámbito de la salud y lograr que el paciente adquiera la relevancia que corresponde, no sólo por su dolencia en particular, sino en miras a la prevención de enfermedades.

 

Es interesante en este sentido un hecho destacable sucedido en Roma, en el Hospital San Camilo, donde es el primer centro en incorporar un rol innovador dentro del Equipo Médico: el de una paciente experta, su nombre Paola Kruger. Se trata de una persona que ha padecido una enfermedad crónica, pero que ademas se ha formado a fin de conocer con mayor detalle lo que se sabe sobre ella y permite a los médicos ampliar su mirada y empatía con los pacientes. En palabras de ella: “Una de las dificultades que enfrento con los médicos es tratar de hacerles comprender que saber todo sobre una enfermedad no significa que sepan cómo es vivir con ella. Su papel es vital, pero vivir con la enfermedad no es parte de su experiencia, por lo que no están en mejores condiciones para asesorar a los pacientes sobre este tema”.
Según los expertos, en la medicina pujan paradigmas entre una concepción biomédica y otra bio-psico-sociocultural, siendo esta última la que abarca no sólo la consulta rápida y los análisis del paciente, sino un enfoque integral sobre su vida e historia. Para la medicina y la salud integral, no se pueden separar los problemas físicos que sufre la persona en un momento particular, con el entorno social y la psiquis, más allá de la especialidad médica. Esto implica que la efectividad, la emoción, y el entorno deben formar parte del diagnóstico, abarcando así todas las dimensiones del ser humano (cognitiva, afectiva y motriz).

 La salud: un concepto en movimiento

Para la OMS, la salud no implica sólo la disponibilidad de los servicios de salud, sino un estado que permita a las personas llevar una vida social y económicamente fructífera, suponiendo la supresión de los obstáculos como la malnutrición, la ignorancia, el agua contaminada, las viviendas insalubres y la solución de problemas como la falta de médicos, camas de hospital, medicamentos y vacunas.

Pensar en la formación de profesionales de la salud con una mirada humanista, holística e integral no supone el fin de los problemas estructurales, pero sí puede cambiar la vida de las personas que llegan a un hospital y tienen derecho a una salud de calidad.

En este sentido, las universidades tienen mucho recorrido por delante en la formación de profesionales de todas las ramas de la salud que detengan la mirada en la realidad particular de cada persona. En Universidad Siglo 21, docentes y expertos en educación están pensando en una mirada de la salud con enfoque integral, con la tecnología y la formación al servicio del paciente. Por ello debemos considerar un “retorno al paciente” personalizando la atención ya que no hay enfermedades, sino personas que las padecen.