Estamos atravesando un tiempo histórico que nos invita a reflexionar entre todos sobre el futuro que queremos. Hacia el interior de las instituciones y en general, los datos relacionados al género nos muestran inequidad, pero también la posibilidad de pensar en torno a nuevas formas de liderazgo. En el siglo XXI, las mujeres debemos ser agentes de cambio del mañana.

Por María Belén Mendé, Rectora Universidad Siglo 21.

Sin dudas hoy vivimos un movimiento cultural y social histórico que nos invita a repensar los espacios que ocupamos mujeres y hombres en el mundo. La mirada desde el género nos vino a enseñar datos de la realidad muchas veces silenciados, que hoy nos brindan herramientas para reflexionar sobre la sociedad que queremos.

En el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de Universidad Siglo 21, donde trabajamos con un equipo de personas de manera interdisciplinaria, descubrimos que las brechas de género también se repiten en la calidad de vida y en el trabajo de las mujeres. Esta realidad compleja encubre una característica silenciosa y un mandato cultural que repetimos casi sin darnos cuenta en nuestras hijas, con las mujeres con quien trabajamos, etcétera.

Las mujeres venimos abrumadas en lo que respecta a información de género, pero esto no es malo.

Nos hace bien como humanidad pensarnos desde nuevas perspectivas que tiendan hacia un cambio positivo.

El desafío de este siglo tiene que ser pensarnos colectivamente y de manera individual para ver cómo resolvemos las demandas actuales. Y hacia el interior de las organizaciones, donde en Argentina las mujeres lideramos solo el 10% de los cargos directivos, los retos se potencian.

En mi experiencia al frente de la Universidad privada más grande del país, donde tenemos una comunidad de mujeres a quienes debemos alentar hacia el empoderamiento, pero también de varones con quienes queremos construir una realidad diferente, venimos pensando en cómo proyectar un mundo donde estén incluidos ambos géneros de manera equitativa.

Uno de nuestros aportes en este sentido han sido las distintas investigaciones de género que realizamos para dar cuenta de esta realidad compleja sobre la que queremos incidir. En un estudio que llevamos adelante desde la Secretaría de Investigación nos centramos particularmente en los liderazgos y allí se concluyó que los equipos de trabajo en general muestran características de felicidad cuando están liderados por mujeres. Este es un tema que nos interesa particularmente porque nos invita a pensar en que el mundo necesita otro tipo de liderazgos.

Sin dudas se trata de un trabajo mancomunado. Me gusta hablar de complementariedad, por eso creo que hacen falta más mujeres en los espacios y cargos de decisión, y a la vez hombres que se acerquen a aprender de estas competencias propias de las mujeres que son positivas para estos tiempos. Además de reconocer el sesgo y la brecha de discriminación, que es algo sobre lo que venimos trabajando, creemos que ese tipo de información también viene a dar cuenta de un tipo de diagnóstico social sobre el cual debemos construir todos hacia adelante.

En Universidad Siglo 21, el 60% del cuerpo académico y directivo está compuesto por mujeres y esto tiene que ver con pensar la institución educativa desde la inclusión.

También contamos con un Instituto de Género e Inclusión, que apunta a la generación de investigaciones y de conocimiento con una mirada integral. Entre otras herramientas tenemos un Portal de Empleo para que las organizaciones busquen a los profesionales que necesitan, y a ellos les exigimos que las entrevistas sean con equidad. Todo este tipo de acciones tienen que ver con la importancia del liderazgo femenino en los espacios de cambio social.

Pero claro que es difícil hablar de liderazgo sin antes hacer mención al empoderamiento.

En nuestra institución creemos que uno de los elementos más igualadores es la competencia en empoderarnos económicamente.

Para esto es necesario hablar de desarrollo, de oportunidades y de poder mirarnos entre nosotras y con ellos de manera integral.

Hoy transitamos tiempos de transformaciones y de oportunidades profundas y evolutivas hacia la condición humana. Este fenómeno de época que no solo está ocurriendo en Argentina sino en el resto del mundo, expresa la necesidad imperiosa de acelerar la conciencia social sobre las desigualdades de género y la necesidad de vivir en un mundo más equitativo y con mayor paridad en todos los espacios.

Es innegable que existe un retraso con respecto a los derechos entre mujeres y hombres y en este marco de inequidad los desafíos son múltiples. Cada ciudadano o ciudadana puede hacer su aporte desde el lugar que ocupa.

Como educadores, nuestro reto está en concientizar y acelerar el proceso para que todas las deudas en materia de género se aborden con inmediatez.

Las universidades son responsables de formar profesionales que atiendan las demandas de un mundo productivo y social que necesita una mayor agilidad en la toma de decisiones.

La realidad es otra y no podemos negarlo. Entre todos debemos estar a la altura de este cambio cultural. Este momento no se parece a ningún otro, es único y representa una oportunidad en la evolución de la humanidad, instó a los/las líderes a jerarquizar el género en sus agendas.