La cátedra de la Licenciatura en Periodismo de Siglo 21 rescata y visibiliza la obra de grandes periodistas del mundo. Definido por sus colegas como el “emperador del reportaje” o “el enviado de Dios”, la vida del periodista polaco Ryszard Kapuscinski transcurrió entre las crónicas, los relatos de guerra y una concepción sobre el periodismo destacable. Su contacto con la realidad fue directo, vivencial, con un fuerte cuestionamiento a los medios masivos de comunicación.

“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”, dijo alguna vez Ryszard Kapuscinski al hablar de los medios masivos de comunicación. La frase del periodista y escritor polaco resurge en los debates actuales sobre la libertad de prensa, la censura, el cierre de medios y el rol del periodismo. Kapuscinski vivió su vida con un fuerte compromiso por narrar las miserias del mundo, alejado de lo que consideró como el periodismo “superficial” y portavoz de intereses mercantiles.

Nacido en 1932 en Pinsk, Bielorrusia, su infancia transcurrió entre la guerra, la pobreza y la conflictividad social. Cuando todavía era un niño su familia se trasladó a la ciudad de Varsovia, donde respiró de cerca la Polonia reducida a cenizas luego de la Segunda Guerra Mundial. Aquella cercanía con la guerra fue quizás el impulso que lo llevó a recorrer cien países y ser testigo directo de revoluciones sociales y políticas en distintos continentes.

En la Universidad de Varsovia estudió Historia, aunque luego se abalanzó de lleno en su verdadera pasión: el periodismo.

A once años de su fallecimiento, Kapuscinski fue uno de los periodistas que marcó el rumbo de la profesión hacia una forma de trabajar en el territorio, junto a las personas, ofreciendo a sus lectores un relato pormenorizado y comprometido con el tiempo político y social.

Su estilo y enseñanzas sobre el oficio no siempre aparecen en los manuales de Periodismo o Comunicación. Por cada uno de los premios que recibió, como seis Honoris Causa en múltiples universidades y el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003, reconoció haber sentido orgullo. “Los títulos académicos no suelen concederse a los periodistas, y son una prueba de que los medios de comunicación también tienen sus cosas buenas, su función, su utilidad”, dijo en una entrevista con el diario El País.

Para Kapuscinski en el periodismo “hay que mantener una actitud humilde sobre lo que hacemos, porque en esta profesión la experiencia no se acumula”. En el libro “Los cinco sentidos del periodista: estar, ver, oír, compartir, pensar”, escribió una serie de claves dirigidas a estudiantes y periodistas jóvenes. Según el autor, cada nota, crónica o entrevista es una vuelta a empezar de cero, el regreso a un terreno de incertidumbre donde no existen fórmulas preestablecidas para actuar, como si el periodismo fuera materia de producción en serie. “Somos con los otros”, dice en la misma publicación, haciendo alusión a la importancia de las personas y el contexto a la hora de narrar una historia: “Un periodista no puede ubicarse por encima de aquellos con quienes va a trabajar, al contrario, debe ser un par, alguien como esos otros, para poder acercarse, comprender  y luego expresar sus expectativas y esperanzas”.

Según la concepción de Kapusunski hacer un reportaje implica tres elementos. Primero, un viaje hacia el otro; segundo, la lectura previa, documentación y preparación; y tercero, la reflexión personal.

En 1964  asumió como corresponsal extranjero de la Agencia de Prensa Polaca. Uno de sus trabajos más importantes tuvo lugar en África durante 1960 y 1970, al relatar en persona el fin del imperio colonial. Aquellos años históricos se reflejan en su libro “Ébano”, donde escribió sobre la cultura y raíces africanas y la construcción de un nuevo estado luego de la configuración colonial.

Kapusunski se adentró en los barrios más humildes y las zonas más complejas con el objetivo de dialogar con las personas que viveron detrás del telón del conflicto. En uno de sus viajes a Uganda en 1962 contrajo malaria, enfermedad que lo llevó casi al borde de la muerte. Así fue siempre su trabajo: inmerso en el terreno de sus historias.

Un periodista universal

Durante los últimos años, Kapuscinski se dedicó a reflexionar sobre el rol del periodismo y el manejo de la información por parte de los grandes medios.

“Millones y millones de personas de todos los continentes aprendieron una historia irreal de los acontecimientos a través de las noticias que muestra la televisión”, escribió en “Los cinco sentidos”. Para el periodista, temas universales como el hambre y la pobreza aparecen en la TV sacados de contexto y aislados de la realidad: “A la miseria se la presenta en programas de carácter etnográfico o turístico que muestran rincones exóticos para las culturas que se consideran centrales en el mundo. Estas imágenes abundan particularmente en canales como Discovery Channel”.

Su crítica recayó también sobre la falta de acercamiento a los hechos por parte de los periodistas, la producción de noticias con el objetivo impuesto de vender, la escasa creatividad y el poco tiempo para trabajar con las historias.

“Su principal legado es la universalidad”, dijo tras su muerte la periodista mexicana Elena Poniatowsca. Toda la obra Kapuscinski desprende claves universales para entender el mundo, los sistemas totalitaristas, la sociedad, la publicidad, los medios de comunicación de masas, pero sobre todo la función del periodismo. “Para ser periodista hay que ser buena persona”, dijo en otra de sus frases más recordadas.