Por Noelia Giorda, Tutora de la Tecnicatura en Dirección de Protocolo, Organización de Eventos y Relaciones Públicas.

En junio de 1992, se realizó en Río de Janeiro, Brasil la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también conocida como “Cumbre para la Tierra”. Esta actividad reunió a distintos referentes mundiales: Políticos, diplomáticos, periodistas y representantes de organizaciones del tercer sector. ¿El objetivo?: encontrar un punto de encuentro entre las actividades socio-económicas y su impacto en el medio ambiente.

En este espacio surge la noción de desarrollo sustentable como un diferencial en relación al concepto de desarrollo tradicional. En la conferencia se alertó sobre el impacto que tienen las actividades del hombre sobre el medio ambiente y lo frágiles que son los sistemas naturales y sociales frente a nuestro accionar; cada vez más desarrollado pero en muchos casos, altamente perjudicial.

En la Cumbre de la Tierra se difundieron tres dimensiones del desarrollo sustentable: ambiental, social y  económica. Se define al desarrollo sustentable como la “capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades”

Es por ello necesario pensar que la organización de un evento impacta de manera concreta y directa en el medio ambiente, la economía de un país y su sociedad. Por ello, todas las partes y procesos que lo componen y que permiten su ejecución, deben alinearse a una política de concientización y educación para minimizar el impacto negativo y optimizar recursos.

Ahora bien, ¿cómo hacerlo? Claramente esta definición dependerá de las particularidades de cada acontecimiento. Sin embargo, a la hora de organizar un evento sustentable es tan necesario elegir el material y la cantidad de papelería que utilicemos (y por supuesto pensar en su reutilización), como administrar correctamente recursos como el agua y la energía para evitar derroches innecesarios.

Por otro lado, ¿qué sucede con la comida? ¿Cuál es su procedencia? Trabajar en un evento verde, implica vincularnos con socios que también lo sean, de lo contrario estaríamos cayendo en lo que comúnmente se denomina “doble discurso”.

¿Cuál es el transporte designado para los invitados o expositores? ¿Qué elementos de limpieza utilizamos para lavar vajilla o limpiar espacios? Todos estos detalles son imprescindibles a la hora de considerar la marca de nuestras acciones sobre el medio ambiente del cual formamos parte.

Entonces, ¿es realmente posible hablar de sustentabilidad en la organización de eventos? La respuesta definitivamente, es sí. Es sensato analizar, diagnosticar y ejecutar acciones que colaboren a la sostenibilidad en la industria de los eventos.

Según los datos obtenidos de GMIC Green Meating Industry Council, una posibilidad para organizar una fiesta para 100 personas de 8 horas, puede pensarse de la siguiente manera:

  • 1000 gramos de comida por persona
  • 2000 cm3 de bebida por persona
  • 2500 elementos para lavar (entre vajilla, mantelería, cubiertos y utensilios de cocina)
  • 150 personas que se trasladan para llegar al evento en medios de transporte entre invitados y empleados
  • 1280 KW de consumo eléctrico con artefactos de bajo consumo

El costo financiero de la fiesta dependerá de la zona, del lugar y de sus servicios o comodidades.

Los eventos son una herramienta de comunicación que hacen a la vinculación entre las organizaciones y sus públicos. Son sistemas formados por subsistemas que se mueven e integran. Preguntas como ¿Cuál es la emisión de carbono? ¿Cuál el impacto social?, son también puntos claves para readecuar nuestro nivel de alerta y conciencia sobre el planeta.

Algunas acciones “verdes”

La investigación, realizada por el Colegio de Administración Hotelera William F. Harrah en la Universidad de Nevada, Las Vegas, indica que los organizadores de eventos tienen muchas solicitudes de sostenibilidad y comparten algunas prácticas:

  • Clasificación de materiales reciclables
  • Donación de comida sobrante a organizaciones caritativas
  • Desviación de los desechos de alimentos de la corriente de desechos
  • Participación en programas de reutilización de ropa y toallas
  • Utilización de vasos de agua y estaciones de servicio en lugar de agua embotellada
  • Definición de menús vegetarianos y amigables con alérgenos
  • Abastecimiento de alimentos locales
  • Utilización de aplicaciones de eventos para reducir el uso de papel
  • Utilización de iluminación de bajo consumo de energía
  • Planificación de programas de devolución para la comunidad local

Hablar y accionar sobre el cuidado del medio ambiente, la sociedad y la economía de un país, es mucho más concreto de lo que parece y es responsabilidad de todos. Deberíamos comenzar a fomentar la capacidad de concebir gestiones (aún las más pequeñas) y espacios teniendo en cuenta a los demás, sus posibilidades y sus derechos. Proteger el medio, con profunda implicancia hacia las generaciones futuras, no es más que abrazar un estilo de vida, una manera de hacer las cosas que promueve el desarrollo de una sociedad más justa.

Por lo tanto, si acordamos que un evento es comunicación, ¿por qué no aprovechar su enorme potencial para mostrar que a través de nuestra acciones PODEMOS HACER de este mundo un espacio más inclusivo y saludable?