Por María Carolina Ulla. Abogada, Magíster en Derecho Ambiental y Directora de la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables

La energía es imprescindible para el desarrollo y crecimiento de un país, una región o cualquier localidad. Toda la sociedad y calidad de vida depende de ella. De este modo, el consumo de energía es uno de los grandes medidores del progreso y bienestar de una sociedad.

El 14 de febrero es el Día Mundial de la Energía, se instituyó en 1949 con el objetivo de promover el uso de fuentes alternativas y disminuir la utilización de energías no renovables

Es una instancia que nos invita como sociedad a tomar conciencia de la importancia del uso racional de energía y su obtención por fuentes de energías limpias que la naturaleza ofrece como el sol, el viento y el agua.

 

Según uno de los últimos informes anuales del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de un tercio de la población mundial no tiene acceso a las formas avanzadas de energía, y los 30 países más desarrollados del planeta, que representan un 15% de la población total, consumen más del 60% de estas formas modernas de energía.

 

Se calcula que, aproximadamente, el 80% de la energía se produce a partir de combustibles fósiles, y un 36% de ésta proviene del petróleo. Solo un 2% proviene de energías renovables.

En este contexto, no podemos desconocer los impactos negativos al medio ambiente cuando hablamos de la generación de energía por fuentes no renovables (petróleo, carbón y gas), siendo una de las principales causas de los problemas ambientales que enfrenta el planeta por estos días. Sin embargo, la generación de energía no es la única gran fuente de contaminación, pero está directamente relacionada a la provocación de emisiones de gases o efecto invernadero (GEI) vinculados al Cambio Climático. Por lo tanto, la energía es el centro de casi todos los retos y oportunidades a los que hace frente el mundo actual.

Durante el desarrollo de la 14° edición de la Conferencia  de la Juventud (COY 14) que se realizó el pasado octubre de 2018 en el campus de la Universidad Siglo 21, diversos especialistas y referentes de organizaciones ambientales hicieron hincapié en la necesidad de comenzar a construir el camino hacia la “transición justa”, la cual consiste en una transición a un sistema productivo libre de carbono en todos los sectores económicos, pero particularmente en el sector energético, debido a que junto con el transporte y la industria, son el principal responsable de las emisiones de CO2.

Esta transición es cada vez más viable desde el punto de vista técnico y económico, porque en estos últimos años se ha dado un salto cualitativo a nivel mundial en la incorporación de tecnologías probadas y algunas de ellas a costes inferiores en el terreno energético, en la movilidad, en la edificación y en la industria (Confederación Sindical de CCOO, junio 2018).

La transición del sistema energético hacia la implantación de las fuentes energéticas renovables y hacia la eficiencia en el uso de la energía va a configurar, como está ocurriendo en muchas partes del mundo (y también en Argentina), un nuevo tejido de empresas y de actividad económica generador de empleo en varios sectores (industria, energía, forestal, entre otros), o los denominados empleos verdes aquellos contribuyen a preservar y restaurar el medio ambiente, ya sea en los sectores tradicionales como la industria o la construcción, o en sectores emergentes como las energías renovables y la eficiencia energética.  Para la OIT, estos empleos verdes permiten aumentar la eficiencia del consumo de energía y materias primas; limitar las emisiones de gases de efecto invernadero; minimizar los residuos y la contaminación; proteger y restaurar los ecosistemas y contribuir a la adaptación al cambio climático.

El año 2015 marcó un hito significativo en el debate mundial sobre la energía con la adopción por parte de las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los que se incluye el objetivo específico de la energía (ODS 7), que aspira a “garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”. El ODS 7 también aborda la necesidad de aumentar la energía procedente de fuentes renovables, además de promover tecnologías de eficiencia energética. Por consiguiente, el ODS 7 abarca metas para el acceso universal a la energía (7.1), el crecimiento de las energías renovables (7.2), la mejora en la eficiencia energética (7.3), la cooperación internacional en el desarrollo de infraestructura para la energía sostenible (7.a) y la mejora tecnológica y la expansión de los sistemas energéticos (7.b). De este modo, este camino hacia la transición justa, también supone mejorar la calidad de vida, al traducir en una serie de beneficios económicos para los hogares y para la economía del país en general.

Hoy estamos viviendo la transición hacia un modelo energético sostenible, la cual debe convertirse en una prioridad.

Pero esta transición necesariamente debe hacerse de una manera paulatina y con el desarrollo de planes y acciones estratégicas que prescindan de forma precipitada de la energía nuclear, del carbón, o de los productos petrolíferos en el corto y mediano plazo, porque significaría poner en riesgo la eficiencia económica de la transición o la seguridad de suministro. Estos nuevos desafíos nos llevan a una transformación del sector energético, donde gobiernos y empresas privadas comienzan a trabajar para lograr un modelo energético sostenible centrando sus esfuerzos en incrementar el porcentaje de fuentes renovables en la generación de energía, preparándose para un futuro bajo en carbono.

Apoyar la penetración de las Energías Renovables, debe suponer una serie de condiciones indispensables como la formación de profesionales con las capacidades para desarrollar este nuevo escenario sostenible, diseñando y gestionando proyectos de eficiencias energética y energías renovables en empresas privadas y públicas, consultoras, organismos públicos e instituciones en la coordinación y/o participación de políticas nacionales y provinciales. En este contexto, la Universidad Siglo 21 y la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables estamos convencidos que la transición hacia un modelo energético sostenible requiere de profesionales formados que desarrollen un nuevo escenario sostenible gestionando las energías renovables, comenzando por la formación académica que les brinde a los futuros profesionales todas las herramientas para gestionar los nuevos problemas ambientales del futuro, cambiando el foco hacia la comprensión de la finitud de los recursos naturales, midiendo el bienestar de las personas, las comunidades y el planeta, que en definitiva no es otra que cuidar de la tierra y la vida.