Santiago Kovadloff es filósofo, poeta, ensayista y escritor. Habla con pasión sobre educación y enamoramiento, y asegura que “aprender significa enamorarse”. Además, asegura que trató de hacer con su vida “un contacto permanente con emoción de estar vivo”.

– Esa comprensión de hacer de uno el deseo de vivir ¿te la dio la formación, la educación, las lecturas?

– Las lecturas y la educación infunden un grado de claridad conceptual a una pasión que viene con uno, y sin dudas, se debe a una buena crianza de un buen padre y de una buena madre que nos han situado en un lugar significativo para ellos. Y luego nosotros cargando esa mochila con el amor de la casa nos proyectamos a la vida con la tenacidad o constancia que podemos. Es difícil determinar cuál el origen del amor. Uno está enamorado…¿de qué o de quién? Viene después… Uno está a disposición de la emoción de vivir.

– ¿Por qué llevaste esta disposición de vivir, escribir y pensar para el lado de educación? ¿Hay algo que la educación puede hacer por el ser humano que no puede hacer el afecto primero de la familia?

– Creo que la educación es la posibilidad de transmitir la emoción que nos produce un aprendizaje a nosotros, los que enseñamos.

Siempre he creído que enseñar es transmitir la emoción de aprender.

Creo que quienes se acercan a quienes enseñamos con la intención de capacitarse buscan primordialmente en el docente un interlocutor que transmita el amor que él siente por lo que enseña. Porque sin ese amor todo se reduce a transmisión de información. Y enseñar y aprender es transmitir la temperatura del significado que en nosotros adquiere lo que estamos estudiando. Enseñar es poner el cuerpo y transmitir la alegría corporal del contacto con aquellos a quienes uno les comunica lo que le importa decir. Es un encuentro.

– ¿Qué hay de todas estas palabras: innovacion, experiencia, aprendizaje? ¿Qué opinás de la cultura del coach asociada a educación?

– Tengo la impresión de que los recursos técnicos de los cuales se vale la educación en un momento dado pueden o no ser útiles. Todo depende de quién se vale de ellos, y de la idea de quien se vale de ellos tenga acerca de quienes escuchan o reciben información. Hay algo irremplazable que es la persona: tecnología de punta, computación, coach, todos son recursos, pero la persona es irremplazable. Aquél que toma contacto con sus discípulos tiene que resultarle verosímil como persona, creíble, porque de lo contrario la transmisión no es entre sujetos sino entre espectros.

– ¿Qué educadores o pensadores te gustan?

– En el caso argentino, el primerísimo es don Domingo F. Sarmiento: él sabía enseñar porque tenía preguntas. Un buen maestro tiene mas preguntas que respuestas, entabla con lo que sabe una relación crítica. Uno puede aprender mucho con un gran poeta, un pintor, un físico. Por ejemplo, Albert Einstein fue un gran maestro, no mio, pero posible de todos: él dijo “la verdadera estirpe de un físico no la prueba que conozca las leyes sino el hecho de que manifieste perplejidad porque las hay”. Que haya leyes no entra en el cálculo, no hay manera de inscribir en la cifra la existencia de la ley, se puede inscribir los efectos de la ley, pero el que las haya es un enigma. Enseñar es conjugar la sensibilidad hacia ese enigma con las consecuencias de la existencia de la ley.

– ¿Que pensás del futuro? O ¿cómo te imaginás?

– Tengo un concepto del cada día, mucho más que proyectos del largo plazo. La emoción de vivir la siento al despertar cada mañana, con la llegada de las estaciones, con un buen diálogo. Allí está el porvenir para mí. No es tanto lo que va a ocurrir sino el lugar del cuál vengo. Es venir de un repertorio de proyectos que se tienen hacia el presente en el que unos los realiza o sueña realizarlos. Belgrano venía del porvenir hacia el presente, tenía un concepto de nación en la cabeza que muy pocos hombres y mujeres compartían, y desde ahí venía a la actualidad a luchar por esos ideales. Uno no se levanta de la cama porque la vida tenga sentido, sino para que lo tenga.

– ¿De qué manera se puede contribuir a ese futuro, a ese porvenir que hacés presente?

– En la enseñanza es siendo verosímil, logrando que un alumno diga “yo en esta persona creo… creo que le pasa lo que dice, que lo que transmite forma parte de su cuerpo”.

El drama fundamental de la comunicación es la credibilidad pero no solo de la información sino de quien transmite.

Hubo cuando era joven un extraordinario locutor en radio, Hugo Guerrero Marthineitz al que llamaban “parlanchin” porque sabía hablar, no porque hablara demasiado. Sus silencios eran memorables y lo que él transmitía era la temperatura que en él alcazaba el tema que abordaba.

*Esta entrevista fue realizada por la Lic. Celina Morgan, tutora de la Lic. en Periodismo de la Universidad Siglo 21, en el marco del ciclo audiovisual Perfiles.