Sebastián Gamen es Especialista en Derecho Informático, abogado e investigador de la Universidad Siglo 21. En la actualidad lleva adelante una línea de investigación en nuestra Universidad sobre protección de datos personales, quizás uno de los desafíos más importantes de nuestra era porque pone en juego la necesidad de sentirnos protegidos y no ver vulnerada nuestra privacidad cuando interactuamos en un espacio que es, de por sí, público y global.

Actualmente el derecho informático no abarca simplemente, como en los comienzos de la era de las computadoras, el robo de datos empresariales o de instituciones gubernamentales. Las fronteras del derecho informático, señala Sebastián Gamen, se extienden a todo el derecho en sí mismo y agrega “hoy es difícil hablar de fronteras porque las tecnologías están presentes en todas las ramas del derecho”.

La globalización, no sólo amplió los alcances de las acciones delictivas a la esfera de nuestra individualidad sino también abrió una gama de ciberdelitos mucho más amplia de lo que pensamos y parece ensancharse cada vez más.

Existen temas dentro de esta rama del derecho que muestran una compleja dificultad de tratamiento ya que no configuran un delito en sí mismos. El escrache es uno de ellos, esa forma de expresión que permite a cualquier persona opinar sobre cualquier tema, bajo su propio nombre o seudónimo, y sin mayores consecuencias que el bloqueo de una cuenta o la discusión de aquellos que no opinan igual. Redes sociales como Facebook o Twitter, muy usadas actualmente, permitieron abrir este juego de la opinión libre y diversa.

Uno de los dilemas que surgen comúnmente es el de cómo protegernos cuando realizamos compras o transacciones de algún tipo por Internet. En base a esto Sebastián Gamen nos explica que, si bien el procedimiento legal frente a la estafa es complejo y en ocasiones sumamente costoso, “las empresas dedicadas al comercio electrónico se han dedicado a darle confianza al usuario” y agrega que “estas empresas, lo que más desean es que este tipo de comercio siga creciendo”.

También es importante destacar el libre acceso a las tecnologías informáticas por parte de la población, en un mundo intensamente conectado. Con este panorama, donde las oportunidades para los delincuentes informáticos parece ampliarse enormemente nos cuestionamos: ¿es un delito la libre opinión donde los límites de la injuria son tan pequeños? ¿ Cuáles son los delitos que se presentan en esta era cibernética? ¿Podemos defendernos de algún modo?

En la actualidad, tenemos casos de ciberacoso infantil (grooming), estafas en plataformas de venta on-line, suplantación de identidades (phishing), etc. Este amplio espectro de violaciones a la ley supone, en palabras de Gamen, que “a veces la ley resulte ineficiente porque la tecnología avanza demasiado rápido”.

Frente a estos escenarios delictivos, afortunadamente hay cada vez más mecanismos de control y detección, aunque quizás, explica Gamen, sea el phishing el más complejo de tratar ya que (la cual aclara que no es un delito, sino que se trata de qué se hace con nuestra identidad). El ciber atacante protege su identidad trayendo perjuicios a las víctimas, tal como señala Gamen, el “suplantado” debe probar que no fue él quien cometió los delitos, con el consecuente saldo negativo que esto tiene.

La privacidad entonces, apunta Gamen, es relativa porque hoy en día si hay un elemento vulnerable es aquel que usamos para conectarnos, sea nuestro teléfono o nuestra computadora.

Finalmente, Sebastián Gamen nos dice que el punto en el cual hay que hacer hincapié es la educación: “la brecha generacional y el desconocimiento del manejo de las nuevas tecnologías puede ser en ocasiones un espacio de vulnerabilidad”. En este sentido, agrega: “educar a los usuarios en esta materia es fundamental porque saber manejar la computadora no es tan solo encenderla e ingresar a Google para realizar una búsqueda, saber usar la computadora es hoy por hoy algo mucho más complejo y es imprescindible para proteger nuestra privacidad”.

*Entrevista realizada por el periodista Marco Vega.