Por Jaime Rodríguez Alba, Director de la Licenciatura en Administración Pública y de la Tecnicatura Universitaria en Administración y Gestión de Políticas Públicas.

Hemos conversado brevemente con Guillermo Lyall, Vicepresidente de INFOSSEP -Instituto de Formación y Selección de Servidores Públicos- de la Municipalidad de Córdoba sobre el sentido y la realidad de la gobernanza colaborativa

Con la crisis fiscal del Estado de Bienestar en las últimas décadas del siglo XX y especialmente motivado por las transformaciones que supuso el proceso de globalización se cuestionaron los tradicionales modelos de gobierno. Quizá nunca antes en la historia se había planteado con tanta radicalidad este tema: ¿es realmente capaz de gobernar el gobierno? Ante la pregunta emergen dos grandes respuestas, una que se sigue apoyando en el enfoque de las capacidades de gobierno (gobernabilidad) y otra que busca pensar nuevos procesos sociales y directivos en el proceso de gobernar (gobernanza). Con la gobernanza se hace foco en la interrelación y la des-jerarquización de procesos, pero también en la colaboración intersectorial (sector público, sector privado y tercer sector). Posteriormente se añade el adjetivo “colaborativa” para hacer aún más énfasis en ese carácter de interrelacionalidad.

Como menciona Guillermo, además de permitirnos la posibilidad de reconstruir la tan maltrecha imagen de la política, la gobernanza propone, especialmente en el terreno de las políticas sociales, nuevos horizontes para impulsar valores como la equidad. Sin embargo más allá de aventurarnos en predicciones, en esta ocasión queremos proponer una serie de interrogantes sobre la noción de “gobernanza” para que, entre todos podamos arrojar luz mediante experiencias y reflexiones en torno a este concepto tan en boga.

Los países que llevan terreno avanzado en la implantación de modelos de gobernanza son aquellos que se han caracterizado históricamente por modelos de estabilidad institucional y en los que no existe un peso excesivo de la regulación.

Tras la exigencia de la gobernanza está sin lugar a dudas una sociedad civil activa que se implica, participa y apuesta por colaborar en la creación de valor público. Hay una circularidad virtuosa: sociedades colaborativas generan gobiernos colaborativos y la inversa.

¿Dónde comienza el círculo? La virtud del círculo de la gobernanza parece estar en dejar el punto de comienzo funcionando, en un proceso de constante circulación de ideas, de proyectos, de propuestas, etc.

En este sentido decimos que es fundamental el lugar de las instituciones; porque sólo diseños institucionales coherentes con los principios y valores de la gobernanza colaborativa pueden impulsar las prácticas que la misma conlleva. Pero esto supone no sólo modificar, y en muchos casos incluso realizar, las capacidades que formalmente están, sino también transformar el ethos (carácter) de las mismas instituciones. No nos referimos con esto a que el funcionamiento de las mismas deba ser ejemplar, sino más bien a que la lógica de la institución tiende, en función de homologías estructurales varias, a reproducirse en otras instituciones sociales. Así como muchos teóricos se dieron cuenta de que la familia tradicional posee una estructura homóloga a la escuela tradicional y la fábrica tradicional, otros muchos, como Foucault, avanzaron con la bella idea de que no existe innovación posible si no hay ruptura con estos moldes.

Romper el círculo vicioso de un gobierno que se desgobierna supone así erigirse en modelo de gobernanza colaborativa con todo lo que ello implica de participación, transparencia, información y colaboración. Podría decirse que sabemos lo que queremos, pero ¿queremos lo que sabemos?

Imagínese querido lector un mundo de ciudadanos, asociaciones civiles, empresas, instituciones públicas y actores varios donde cada quien implementara modelos de gobernanza colaborativa. Imagínese también una suerte de carne de la multitud de cuerpos (deseos, inteligencias, voluntades) que en el trasiego de ideas, proyectos y propuestas, se convierten en un auténtico gobierno de sí –sin querer ser gobierno de los otros. Hermosa imaginación pero acaso imagen más ideal que real, ¿o no?

Desgobernar la sociedad gobernada

La gobernanza exige un modelo de relación social que ineludiblemente conlleva la pregunta sobre su factibilidad. Y, en caso de serlo, ¿qué capacidades supone por parte del estado? ¿Qué capacidades supone por parte de los demás actores sociales? ¿Es realmente tan democrático como se nos insinúa este modelo?

Supongamos que en efecto se cristalizan modelos de procesos y estructuras que realizan los principios reguladores de la gobernanza colaborativa; la cuestión no deja de exigir que juguemos con las variables: ¿existirían condiciones de simetría en capacidad de organización y estatus por parte de los actores? ¿Cómo impactaría esto a la norma ideal de una gobernanza colaborativa? Vamos aún más allá: tras la noción misma de gobernanza se alienta la posibilidad de dar cierta institucionalización al normal e ineludible conflicto. Pero, ¿es posible institucionalizarlo? ¿No supone la institucionalización del mismo una normalización hecha desde la posición de poder y dominio? Si los recursos y el poder están desigualmente distribuidos, ¿no redundaría la gobernanza en una suerte de gatopardismo (que todo cambie para que todo siga igual)?

No podemos por supuesto responder a todos estos interrogantes. Pero, por no dejar al lector ni en el limbo del escepticismo ni el resabio malhadado del cinismo, sí podemos asumir que la gobernanza colaborativa es un reto de primera magnitud para las sociedades contemporáneas y, por qué no decir, para un mundo que está empezando a implosionar por sus propias tensiones.

No hemos de ser tampoco ingenuos: ¿existen los liderazgos que esta gobernanza supone? Desde este lugar sostenemos que es un horizonte, un lugar, un espacio, un trabajo colectivo al que toda sociedad que aspira a mejorar sus condiciones socioculturales, debería apuntar. Nosotros, en esta universidad, apostamos y creemos en ello, es por eso que aunamos esfuerzos y abrimos preguntas al lector para que, entre todos, podamos colaborar en tan valiosa tarea.