Ezequiel Figueroa es Oficial Fluvial de Primera y a través de su computadora estudia Lic. en Comercio Internacional en Universidad Siglo 21. Para él lo más importante es perseguir los deseos y vencer el miedo al fracaso.

Desde su más pequeña infancia en Villa Aria, un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Punta Alta, Buenos Aires, Ezequiel Figueroa soñaba con ser navegante de barcos. Fue en gran parte el legado de su padre, un Suboficial de la Armada Argentina, quien lo impulsó a desempeñarse para las fuerzas del país. Con 41 años, Ezequiel es Oficial Fluvial de Primera y, en simultáneo, estudia Licenciatura en Comercio Internacional.

Ezequiel siempre estuvo vinculado a la navegación, y llegó al ámbito fluvial por medio de su trabajo como Oficial de Prefectura Naval Argentina. “En un momento de mi carrea decidí pasarme al área comercial y me orienté hacia la navegación”, dice. Este objetivo lo llevó a realizar una extensa carrera por diferentes títulos y cursos que le permitieron tener la habilitación para navegar en ríos argentinos, su trabajo actual.

Desde sus 28 años, recorrió un camino de mucha preparación profesional: “Primero rendí para navegar en la zona de Puerto Buenos Aires a Santa Fe; luego obtuve una habilitación para navegar en el Río Paraná; y después rendí para ser Primer Oficial Fluvial, que es lo que soy hoy, con seis años en el cargo y baquías (habilitaciones) para navegar en Río Paraná y Río Paraguay”, explica.

Los días de Ezequiel transitan entre el barco, el agua y distintos puertos argentinos, y las horas de descanso son su momento ideal para estudiar su carrera universitaria. “Mis días cambian según la actividad. Si estoy como Asesor, tengo seis horas de guardia en el puente y seis horas de descanso, de las cuales aprovecho dos para estudiar. Si me toca trabajar como Oficial de Cubierta depende de la rutina del barco”, señala.

Su rutina en medio del agua no le impidió tomar la decisión de estudiar una carrera universitaria.

“Sé que en algún momento tengo que cambiar mi modalidad de trabajo y desarrollarme en tierra, con un propósito diferente. Lo que más me motiva es poder sembrar algo y dejar una marca que sirva para otras generaciones”.

Ese impulso de hacer algo social fue lo que motivó a Ezequiel a inscribirse en la Licenciatura en Comercio Internacional, donde actualmente estudia materias de segundo y tercer año a través de la modalidad distribuida. “El Comercio Internacional me gusta mucho porque está vinculado a mi trabajo”, señala.

Junto a sus compañeros comparte material de estudio por WhatsApp, lo que le permite mantenerse conectado y compartir su experiencia con personas de todo el país.

“No hay un límite de edad para empezar de nuevo”

Ezequiel habla sobre la importancia de derribar los miedos y las “barreras mentales” que aparecen con la edad. Para el, no hay un límite para empezar de nuevo, más allá del temor a lo desconocido. “Uno por ahí tiene miedo al cambio, a veces por acostumbrarse a determinadas cosas. Lo más importante es que si en tu corazón se desarrolla el deseo por encarar algo nuevo, le puedas hacer frente a ese temor”, dice.

En este sentido, resalta la importancia del apoyo de su esposa y sus pequeños hijos, quienes nacieron dentro de la dinámica de su profesión y entre todos forman una red de contención e impulso a seguir avanzando por mucho más.

Hoy Ezequiel sueña con finalizar su carrera universitaria y llegar al rango de capitán de navegación. “Si bien a veces las cosas parecen cuesta arriba, cada paso que uno da es significativo y te da la esperanza de estar más cerca de lograr el objetivo”, dice, y agrega: “La vejez no se trata de la edad, sino de un estado mental. Hay que ir siempre por algo mejor, porque es el destino que tenemos”.