Melina tiene 23 años, es Técnica en Comercio Internacional recibida de la Universidad Siglo 21, y está cursando la Licenciatura de la misma carrera. Hace un año se fue de Córdoba a su primer destino laboral, en Salvador Mazza, Salta. Allí, trabaja en AFIP como técnica en la aduana del paso fronterizo entre Argentina y Bolivia, que une esta localidad con la vecina Yacuiba.

Cuando empezó a estudiar, Melina no imaginó que terminaría buscando droga en una de las fronteras más conflictivas del país. Al decidirse por Comercio Internacional, lo hizo por una suma de pasión por los negocios, conocimientos de idioma y la perspectiva de viajar; sus materias preferidas eran las relacionadas con la economía y el marketing. Hoy, en el trabajo aplica más lo que aprendió de normativa y derecho aduanero, se acostumbró a rotar tareas, controlar vehículos, crear perfiles de riesgo. Lejos de “terminar en”, este ingreso al mundo laboral constituye un nuevo principio, cuando la vocación aparece en el lugar menos esperado.

-¿Cómo ingresaste a trabajar en la aduana?

-AFIP buscaba técnicos aduaneros o graduados en Comercio Internacional. Rendí exámenes, tuve una entrevista y me capacité por tres meses en Buenos Aires.

Al empezar la carrera, mi meta era tener un emprendimiento desde el que pudiera importar o exportar productos. Ahora descubrí que me gusta más lo que hago en este trabajo: controlar cargas, verificar lo que ingresa al país. Voy cambiando de puesto, paso de control de equipaje a perfiles de riesgo, de automotores a operar el escáner móvil -un camión que escanea todos los camiones que ingresan al país-; un día estoy en exportaciones, controlando cargas y documentación, otro en importaciones operando el escáner… Puedo trabajar de noche o de día, por seguridad, nos rotan de puesto y de horarios constantemente.

-¿Qué es lo que más te desafía de este trabajo?

-Siento que lo más problemático es la responsabilidad que implica. Es un gran peso, por ejemplo, dejar entrar un camión al país sin ninguna duda de que lo hace de manera legal, sin contrabando ni droga, a mi edad y en la frontera más castigada por el narcotráfico.
Del trabajo en sí, lo desafiante es volverse multifunción, hay que adaptarse a lo que salga y ser muy flexible. Mis horarios cambian todos los días, no puedo planificar ni pensar en fines de semana. Por otro lado, me gusta la perspectiva de conocer otros lugares, ya que te mandan a capacitarte, o podés pedir el pase y conocer todo el país. En estos meses, conocí La Quiaca, Orán, San Salvador de Jujuy y otros puntos de la región.

Salvador Mazza es una ciudad chica, la más septentrional de la Argentina. También se la conoce como Pocitos. “Calles de tierra, dos semáforos”: dos imágenes bastan a Melina para describirla y dar una idea del cambio en su vida respecto a la central y metropolitana Córdoba: “Siento mucho la inseguridad y el peso que tiene llevar el chaleco de la AFIP en un lugar en el que, a donde vayas, todos te conocen y saben tus horarios. Es raro, un cambio abismal, porque vengo de una ciudad grande”.
La cantidad de habitantes de Mazza/Pocitos -un poco más de 26.600- puede ser igualada por la cantidad de personas que transitan el puente internacional en un fin de semana. El número cambia con los vaivenes de toda frontera, lo que Melina, en jerga aduanera, llama “tráfico vecinal fronterizo”.

-Todo el tiempo están en juego la demanda y la oferta, según el tipo de cambio o la situación económica de ambos países. Los argentinos van a comprar algunas cosas más baratas del lado boliviano, así como hay personas que se dedican a cruzar la frontera con carritos, para llevar mercadería a Bolivia.

Estos son los pasadores o “bagayeros”, quienes fueron noticia este año cuando cortaron el puente en forma de protesta por el nuevo régimen de comercio internacional, poniendo en desequilibrio la economía comercial de Salvador Mazza. Pero el triste récord de lo noticiable se lo llevan los casos de narcotráfico y la incautación de droga. En julio, a Melina le tocó ser partícipe*:

– Era un auto con patente colombiana, del cual controlaba el ingreso. Después de hacer preguntas a la persona que conducía, me di cuenta de que el perfil no cerraba, decidí escanearlo y resultó que llevaba 85 kgs. de marihuana. Fue sorprendente porque no se encontraba droga en un vehículo hace mucho, y porque era la primera vez que lo hacía yo, fue como un debut. A eso se suma el tener que ir al juzgado, presentarse ante el juez, declarar… Ninguna carrera te prepara para eso.

En la frontera, más que cambiar sus metas, Melina las redefinió. Aún le interesan las importaciones y exportaciones:

-Me gustaría hacer carrera en Afip. Me motiva seguir estudiando y terminar la licenciatura porque eso lleva también a un cambio de categoría. Además, me gustaría enfocarme en lo que es específicamente Comercio Internacional dentro de la aduana.

Entretanto, en el puente de Salvador Mazza, Melina observa día a día las lecciones de su carrera, el anverso y reverso de las relaciones económicas entre dos países.