*Por Ab. Patricia J. Sansinena. Docente de Universidad Siglo 21 y Asesora laboral Empresas.

Tomar conciencia de que nos encontramos atravesando la Cuarta Revolución Industrial, con el auge de la inteligencia artificial, la robótica en el trabajo, y la conectividad, nos impone una nueva reflexión sobre el sentido y alcance del concepto Trabajo en su expresión subordinada.

Una mirada de los eventos sociales que nos invaden por la influencia de las redes sociales, nos moviliza hacia el interrogante de qué ocurre con la dimensión humana en su vida de relación, ¿nos estamos desconociendo al enfrentarnos con los diferentes?

Evidentemente necesitamos repensar los comportamientos en los diferentes ámbitos que transitamos, para instalar valores como la solidaridad, misericordia, amor al prójimo, empatía y protocolos que posibiliten la ejercitación de nuestra inteligencia emocional.

Es precisamente este concepto referido en último término, una herramienta de inmenso valor para replantearnos los esquemas de vinculación social.

La Harvard Business Review ha llegado a calificar a la inteligencia emocional como un concepto revolucionario, una noción arrolladora, una de las ideas más influyentes de la década en el mundo empresarial.

Es por ello que esta potencialidad la debemos hacer realidad en la concepción de la organización del trabajo, especialmente en las Pymes de Argentina.

Se trata de un desafío que se deja propuesto y que habrá de requerir cambios estratégicos, citando como ejemplo: nuevos diseños de autoridad, cambiar la rigidez de un reglamento de trabajo por pautas de convivencia y procedimientos de gestión, manuales de prevención de conductas que puedan ser entendidas como violencia laboral, test de inteligencia emocional, entre otros.

Estas propuestas solo resultan ilustrativas del inmenso repertorio que podríamos variar en la mirada sobre el trabajo subordinado.

Concepto de trabajo

Quizás resulte interesante recordar qué propone la Ley de Contrato de Trabajo, al definir precisamente el significado de esta palabra cuando nos expresa en su art. 4: “El contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en sí…”.

Podemos observar que el espíritu de la norma se eleva sobre el reducido concepto mecánico de trabajar, al pretender que la dimensión humana del trabajador se dignifique y potencie al prestar su fuerza de trabajo.

La realidad que nos circunda y la experiencia adquirida en mi ejercicio profesional, me lleva a reconocer que resulta ignorada esta idea en el modo de plantear las relaciones laborales, tanto por la ausencia de intención de las empresas, como en la falta de valorización de los trabajadores, muchas veces consolidadas por la involución de los representantes sindicales.

Todos necesitan proponerse el derecho de evolucionar en sus desafíos organizativos de los diferentes puestos de trabajo, entendiendo que existen personas en la ejecución laboral.

Quizás resulte valioso traer nuevamente a consideración la idea de Trabajo Decente, en la centralidad que propone la Organización Internacional de Trabajo (OIT) como presupuesto básico para un desarrollo sustentable.

Subordinación no implica perder la condición humana

El concepto de subordinación que contiene el contrato de trabajo debe tener una revisión en la forma de implementarlo, pues no debe existir sufrimiento, discriminación o malos tratos.

Debe proponer una visión superadora que estimule la capacitación en el marco de un contexto de comprensión que fortalezca las habilidades de cada uno de los trabajadores, para que entiendan el valor real de su aporte. Este propósito empleado en armonía con los objetivos de crecimiento de la empresa.

Existen autores como Rodríguez-Piñero, que al pensar en la subordinación exponen que: “La naciente doctrina podrá encontrar en la dependencia el elemento que sirva de hilo conductor para la construcción de una nueva disciplina y para construir una categoría general y universal de trabajador, extremadamente amplia, y que desborda y supera la esfera inicial del obrerismo industrial, aunque éste siga siendo mucho tiempo el modelo ideológico de referencia”.

La falta de una definición precisa, tanto normativa como doctrinaria de la subordinación, para operar en la construcción de un sistema indiciario ampliado, que mueva el eje desde los rasgos de control físico a los de control y coordinación productiva.

Esta idea nos propone que abandonemos la concepción autoritaria de una subordinación que provoque temor, para evolucionar hacia una interacción de los recursos empresarios equilibrados con los derechos humanos de los trabajadores que se suman a la producción. Ojalá se consolide.

Eficiencia requiere capacitación

Este propósito debiera formar parte de la planificación de cambio. Las estadísticas nos demuestran que las empresas se deben enfrentar en numerosos requerimientos para continuar en el mercado, por ello deben reconocer la necesidad de asumir compromisos en la capacitación eficiente de su personal.

Exigir sin capacitar no es una fórmula de éxito.

Es importante comprender que la empresa debe capacitar a sus empleados en habilidades de gestión, pero también en fortalecimiento de la personalidad y recepción de las necesidades de la producción.

Revisión del modo de ejercer autoridad

El ejercicio de la dirección de la empresa requiere una mirada nueva de la forma en que se ejerce la autoridad.

Aquí es el ámbito en que debieran aplicarse las nuevas técnicas de inteligencia emocional, capacitación del protocolo de violencia laboral para que la gestión pueda tener una influencia positiva y de crecimiento de todos los recursos humanos. Esto fortalece la productividad en armonía y confianza.

Desafíos a lograr

Según sostiene la Organización Internacional de Trabajo, promover el empleo y la empresa, garantizar los derechos en el trabajo, extender la protección social y la promoción del diálogo son los cuatro pilares del Programa de Trabajo Decente de la OIT, con el género como un tema transversal. Estos son cruciales para el avance del programa de desarrollo sostenible, trabajo decente para todos reduce la desigualdad y el aumento de la capacidad de recuperación.

Políticas desarrolladas a través de las personas y de las comunidades de ayuda de diálogo social frente al impacto del cambio climático, al tiempo que facilita la transición hacia una economía más sostenible. Y no menos importante, la dignidad, la esperanza y el sentido de justicia social derivado de tener un trabajo decente ayuda a construir y mantener la paz social.

Resulta imprescindible que coexistan las empresas con recursos humanos comprometidos, eficientes, pero protegidos en el marco de las relaciones interpersonales sanas, involucradas y respetadas.