Podemos decir que abordar el tema de la ancianidad supone reconocer que estamos frente a una realidad compleja en la que interactúan factores biológicos, psicológicos, sociales y emocionales. La vejez entendida como un período de la vida y como parte del proceso mismo de envejecimiento, ocurre en un sujeto particular y único, por lo que no se puede generalizar a partir de los cambios que ocurren sólo a nivel físico. Cada sujeto interpreta estas alteraciones de acuerdo a sus esquemas mentales, su estructura de personalidad, creencias, valores, los procesos de socialización a los que ha sido expuesto y al lugar que ocupa dentro de un contexto social y ecológico particular.

El envejecimiento es un proceso dinámico, progresivo e irreversible en el que intervienen múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales.

Se lo ha definido como “un deterioro progresivo y generalizado de las funciones, que produce una pérdida de respuesta adaptativa al estrés y un mayor riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con la edad”.

En la actualidad no tienen respuesta muchas preguntas sobre cómo se entrelazan los factores mencionados y cómo se lleva a cabo el proceso de envejecimiento. Lo cierto es que no existe una causa única que explique porqué se envejece, sino un conjunto de factores interrelacionados. El envejecimiento de los seres humanos es un proceso que está caracterizado por la diversidad. Entre los factores más significativos se encuentran la herencia genética, el estado de salud, el status socioeconómico, las influencias sociales, la educación, la ocupación laboral desempeñada, las diferencias generacionales y la personalidad. La vejez ya no puede ser entendida como una etapa homogénea para un conjunto de personas que comparten la misma edad cronológica o con una situación similar en términos de jubilación.

El estudio de la vejez durante décadas ha sido abordado desde una perspectiva centrada en el derrumbe, en la decadencia y en la decrepitud. Aún hoy, la vinculación entre vejez y conceptos como enfermedad o dependencia forman parte del conjunto de prejuicios que la acompañan.

Reducir el envejecimiento humano a una de sus dimensiones, la biológica, o extender en forma abusiva e inadecuada los criterios asociados al envejecimiento biológico, dificultan en forma significativa su comprensión. Cuando la vejez es incluida dentro del proceso vital y a la vez se le reconoce su componente de diversidad, resulta adecuado abordar su estudio desde las capacidades y habilidades que los adultos mayores presentan en relación con su vida cotidiana y en los distintos entornos en que estas se desarrollan.

Las diferentes culturas que han poblado la tierra se han visto atraídas por el fenómeno del envejecimiento. Por un lado, el reconocimiento de la sabiduría y experiencia que adquiere el ser humano con el transcurso de los años y la inexorable experiencia adquirida, hace que muchos pueblos hayan dado al anciano un papel indiscutible de liderazgo dentro de la sociedad.

También han sido reconocidos los cambios fisiológicos, que llevan a que este grupo de edad, tenga una mayor propensión a desarrollar ciertas enfermedades y pierda en forma gradual algunas de sus facultades de la juventud, y, como consecuencia final, un mayor riesgo de morir o una inadecuada calidad de vida.

Receta para la salud

Vida honesta y arreglada, tomar pocos medicamentos, la comida moderada, ejercicio y distracción; no tener nunca aprensión a salir, poco encierro, mucho trato en la vida espiritual y continua ocupación. Saber envejecer es la mayor de las sabidurías, y uno de los capitales más difíciles del gran arte de vivir.

También debemos pensar que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una boca para enseñarnos que vale más oír que hablar, sentir las caricias y la mirada de nuestros abuelos que nos transmiten todo lo que han vivido.

* Por Prof. Dr. Héctor David Martínez. Doctor en Medicina y Cirugía. Magíster en Gerontología y Especialista en Geriatría.